La historia está cuajada de imbéciles aupados al poder que provocan guerras y cosechan muertos. Nos pensamos con demasiada frecuencia que una decisión de apariencia estúpida en el fondo no lo es porque tiene un gran plan ultrasecreto detrás que nuestras sencillas mentes no son capaces de comprender, y no, no es así, la mayoría de las veces las cosas son simplemente lo que parecen.
Hay reticencia a pensar de esta manera porque en parte es reconocer nuestra propia estupidez (un líder no es tal sin gente a la que liderar) y porque entre otras muchas cosas supone matar a dios (cada uno al suyo) e incinerar millones de páginas escritas para justificar lo injustificable.
También está esto tan varonil de reclamar atención en todo momento. Sentirse el Sheriff del condado. La autoestima flojita que da la masculinidad frágil está detrás de muchos sinsentidos, empezando por los duelos al alba y terminando por políticas arancelarias cuya ejecución y finalidad no son más que una excusa para no sentirse la basura de la sociedad. Algo así como una venganza contra no se sabe bien quién. La necesidad de inventarnos enemigos para sentirnos un poco más héroes es tan vieja como la propia humanidad. No nos inventamos una corte de demonios porque sí, lo hicimos para satisfacer nuestra propia necesidad, en un lugar profundo y ardiente, para sentirnos por encima de ellos y también, con toda probabilidad, porque quien lo pensó estaba hasta las narices de pasar calor.
La extrema derecha lleva toda la vida alimentándose de la sensación de desamparo, posiblemente por eso sus políticas lo incentivan tanto. A ver qué otra cosa si no esa es la eliminación de servicios públicos; llegar a un ambulatorio a que te atiendan de urgencias y que no haya médico, o que te niegues a aceptar un salario de miseria y el líder de la patronal haga pucheritos porque la gente no quiere trabajar. Si pudieran te quitaban el subsidio por desempleo para que estuvieras obligado a aceptar sus condiciones. El desamparo ha sido toda la vida su gasolina. Para el jefe de la patronal es mucho más sencillo decir que la gente no quiere trabajar a decir que sus salarios no convencen a nadie. Volvemos a lo de inventarnos demonios para sentirnos un poco más héroes.
En cierta ocasión, en el monasterio de Silos, un guía nos explicaba la cantidad de textos que se habían escrito acerca del significado de un león enredado en una zarza, para concluir que posiblemente un león enredado en una zarza no fuera más que un león enredado en una zarza. Un poco como cuando Nolan te pone una escena en sus películas para que tú te comas la cabeza. Su objetivo no tiene nada que ver con la trama ni con la inteligencia del autor para revelarte un plan maestro sesudamente oculto, su objetivo es simplemente que le hagas casito. Que lo escuches, que lo respetes, que lo admires o que lo odies, pero que no te sea indiferente. Y lo consigue casi siempre. Un poco eso es la invasión de Ucrania por parte de Putin, un poco eso son los Aranceles de Trump, un poco eso es la homofobia promovida por la religión, y un poco de eso es la aporofobia, racismo o machismo tan consustanciales a las formas de hacer de la derecha y extrema derecha. La necesidad de sentir que “parten la pana” aunque hacerlo cueste la vida a los demás.
Porque al final, aceptar que las cosas son lo que parecen es matar a los demonios y con ellos a dios, y sin dios ni demonios solo quedamos nosotros obligados a aceptarnos con nuestras limitaciones, errores y aciertos.