Algo tiene que cambiar en Europa
viernes 02 de mayo de 2014, 11:31h
Pisar
el freno pisando a fondo es siempre peligroso, pero o reducir la
velocidad hasta detenerse en uno de esos puntos de descanso, resulta
algunas veces aconsejable y otras absolutamente necesario. Pero
Europa -y España, claro- siguen acelerando en recortes al dictado
sobre todo de Alemania y esta carrera desenfrenada nos lleva a una
macroeconomía que seguramente está mejorando muy despacio pero aun
realidad cotidiana cada vez más difícil de soportar. Y por esta
trágala están pasando hasta los socialistas franceses mientras en
el Reino Unido se acepta un sistema laboral de vergüenza para salvar
la crisis.
Tienen
razón los sindicatos en que hay que cambiar de política, probar
cosas nuevas, reconocer que los ajustes duros no están alcanzando
sus objetivos y que el empleo precario -aunque sea mejor que el
paro- no es más que una venda para una herida que necesita una
limpieza a fondo. Tiene razón la patronal cuando pide rebaja en los
costes de contratación porque no hay quién aguante -y menos aun
las pequeñas empresas y los autónomos- lo que cuesta crear un
puesto de trabajo. Y lo de la tarifa plana esa, es suicida porque
tres años son muchos años cuando se abren y cierran pequeñas
empresas un día sí y otro también. Y tiene razón el Gobierno -los
gobiernos europeos en general- cuando dejan claro que no se puede
gastar más de lo que se ingresa y que sin una macroeconomía saneada
es imposible que llueva café en el campo de la microeconomía, de la
suya y la mía.
Vistas
así las cosas parece que no hay salida y menos aun cuando resulta
que todos los agentes implicados en el tema han perdido la
credibilidad bajo inmorales escándalos de corrupción: ningún
partido esta como para tirar la primera piedra, ningún sindicato
debería atreverse a mirar a los ojos de un parado mientras desde la
patronal se predica con el mal ejemplo y se hacen peticiones
imposibles.
Estamos
metidos en una especie de tormenta perfecta con un doble problema: ni
Europa puede echar el freno de golpe y variar de una día para otro
su empecinada política económica, ni nadie se puede bajar -a no
ser que sea un suicida- de este barco en el que vamos todo, y eso lo
han entendido también los socialistas franceses. Pero algo habrá
que hacer distinto a seguir apretando y apretando el tornillo del
ajusto y los recortes, algo que se debería empezar a pensar entre
todos y para todos y si, como parece que está claro, hay que variar
un poco el rumbo, que no sea de un volantazo brusco sino con una
intervención cada vez más decidida en los mercados y con un Banco
Europeo que se preocupe más de las personas sin que por ello se
abandone el control del déficit. Estas cosas deben ser complicadas
pero cada vez resultan más necesarias y hasta urgentes. Si la UE
tuviera a ese genio que es el bolivariano Maduro, lo tendría fácil:
se sube por decreto el salario mínimo un 32%. Ya está. Solucionado.
Pero
Europa no es Venezuela y hay que tomarse las cosas en serio. Algo
debe cambiar en Europa, algo tiene que cambiar y debe hacerlo yo. Lo
difícil es la aportación de todos, que sindicatos y empresarios
-que son los interlocutores responsables de la creación de empleo
y de riqueza- sean capaces de sacrificar y entenderse en un clima y
con unas condiciones propicias impulsadas desde los gobiernos.
Podríamos hacer una especia de Plan Marshall aquí en Europa y algo
de eso han propuestos los sindicatos. ¿Por qué cuando se acabe la
estúpida fiebre de estas inútiles elecciones europeas que sólo les
interesan a los partidos no nos ponemos -no se ponen en Bruselas- a
investigar otros caminos? Es posible aceptar que es que la solución
dura haya salvado un momento duro pero también que ya sea el tiempo
de cambiar un poco la dirección. Es que es lo que habría que hacer.
Pero ya sé que escribo desde este guindo del que aun, peses a los
años, ni he caído ni quiero caer.