Freírnos a impuestos
lunes 09 de septiembre de 2013, 08:20h
Menos mal que el COI no ha
dado los Juegos Olímpicos a Madrid. De haberlo hecho no se habría cumplido la
propuesta de Mariano Rajoy de
bajarnos los impuestos en 2015. Un incumplimiento más.
A lo mejor, ni por ésas, ya
que nos advertía el cínico socialista Tierno
Galván de que "las promesas
electorales están hechas para incumplirlas". ¡Si lo sabría él!
Lo que mejor se acomoda a
ese aforismo son los impuestos, sin duda. Cuando estaba en la oposición, el hoy
ministro Cristóbal Montoro
despotricaba contra su subida por Rodríguez
Zapatero ya que eso frenaba la actividad económica y aumentaba el paro.
Ahora, que es él quien los sube, lo hace porque generan recursos y permiten
crear empleo.
O una cosa, o la contraria.
Pero, si resulta que es así, ¿por qué cometer el error de rebajarlos dentro de
un año, justo en vísperas de las elecciones generales?
Sencillamente, porque los
políticos suelen preferir su conveniencia a la verdad y sacrificar sus
convicciones en aras de mantenerse en sus cargos públicos.
Retomemos el tema de los
impuestos. En época de vacas gordas, cuando las Comunidades Autónomas se
dedicaban sólo a gastar y el Estado central corría con el coste de la juerga,
lo fetén era ver quién de ellas rebajaba más los impuestos autonómicos. O mejor
aún, los hacía desaparecer, como el impuesto de Sucesiones.
El precursor fue el Gobierno
vasco, para que volviesen ciudadanos exiliados por culpa de ETA, con el bonito
argumento de que se trataba de un "impuesto
confiscatorio", ya que se imponía a "rentas
ya grabadas en el momento en que se obtuvieron".
Ahora, cuando las CCAA no
tienen un duro y el Estado les aprieta las tuercas del déficit público,
empiezan a reimplantar el citado impuesto al que lo ven ya como "algo progresivo que propende a un justo
reparto de rentas". ¡Toma ya!
Si seguimos -que seguiremos-
utilizando los impuestos con esa alegre e impune desfachatez, no nos extrañemos
que algún día un Gobierno autónomo -el de Artur
Mas, por ejemplo- proponga reducir tributos a quienes se instalen en
aquella región, o sea, se nacionalicen,
para tener así más población independentista.
Con los impuestos, está
visto, todo es posible.
Diplomado en la Universidad de Stanford, lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundo de Nueva York.
Entre otros cargos, ha sido director de El Periódico de Barcelona, El Adelanto de Salamanca, y la edición de ABC en la Comunidad Valenciana, así como director general de publicaciones del Grupo Zeta y asesor de varias empresas de comunicación.
En los últimos años, ha alternado sus colaboraciones en prensa, radio y televisión con la literatura, habiendo obtenido varios premios en ambas labores, entre ellos el nacional de periodismo gastronómico Álvaro Cunqueiro (2004), el de Novela Corta Ategua (2005) y el de periodismo social de la Comunidad Valenciana, Convivir (2006).
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