Cuando los referentes caen
jueves 13 de junio de 2013, 16:20h
Vivimos una especia de hecatombe. La crisis
económica tiene efectos devastadores en las vidas y haciendas de miles y
miles de ciudadanos. Todo ello es cuantificable en dinero e incluso en
datos estadísticos. Pero aquí no acaba la desgracia. Poco a poco la
sociedad, o buena parte de ella porque generalizar siempre comporta
riesgos se ha llenado de ira, de enfado sin matices. La gente pide
justicia y siente satisfacción cuando la justicia se ajusta a su
concepción de la misma y así ha ocurrido que para muchos, muchísimos,
ver a Blesa en la cárcel es en sí mismo un hecho justo. No importa la
calidad y argumentos del auto del juez y ni siquiera se plantea la
posibilidad de su inocencia. Está bien donde está, afirman muchos.
En medio del descrédito, en mi opinión desmedido, de la política y
de los políticos, de los empresarios, de los banqueros, de todos
aquellos que viven bien porque "algún chanchullo habrán hecho", resulta
que la caída de referentes abarca a otros muchos campos. Para no pocos
ciudadanos, el sólo pensar que Isabel Pantoja pueda acabar en la cárcel
es un disgusto profundo. Sus admiradores no se lo pueden creer. No se lo
quieren ni imaginar. ¿Quién nos va a cantar como ella?, se preguntan
los que le han aplaudido a sus entradas y salidas de los juzgados de
Marbella.
Es solo un ejemplo perfectamente extrapolable a lo ocurrido con
Messi, el mejor jugador del mundo. Levanta olas de admiración, su juego
emociona y hace olvidar algunos pesares. En lo suyo roza la perfección.
Pero, hete aquí que la Fiscalía le acusa de hacer trampas para evadir
impuestos a través de una autentica ingeniería fiscal ideada, en su
momento por su padre, cuando era menor de edad y que ha seguido -según
el fiscal- en activo desde que Messi cumplió los 18 años.
Como siempre he sostenido, mientras no se demuestre lo contrario
Messi, o cualquier otro ciudadano, es inocente pero su presunto delito
se pone en conocimiento de los ciudadanos en medio de ese ambiente de
ira y enfado antes señalado y con la predisposición clara de no creer en
nada ni en nadie.
Messi era -ya no tanto- un autentico referente social. Un ídolo
para los aficionados al fútbol y una persona que genera respeto incluso a
los millones de españoles que no nos gusta el fútbol pero que somos
capaces de reconocer el esfuerzo, admirar las cosas bien hechas, la
tenacidad y el triunfo. Messi era -ya no tanto- una persona sobre la que
parecía imposible la más mínima sombra de sospecha. La percepción que
hoy se tiene de él, es, con seguridad, distinta. Messi levanta pasiones y
a sus apasionados seguidores les costará admitir semejante supuesta
conducta y los que no lo somos, contemplamos con perplejidad y desazón
que esta sociedad nuestra se está quedando sin referentes. Todos los
referentes caen como muñecos de barro y creo no equivocarme si concluyo
que la sociedad española, con independencia de su ideología, de sus
aficiones o de sus creencias, se siente cada día más huérfana y este
sentimiento de orfandad no se arregla saliendo de la crisis. No descarto
que algún día de algún año volvamos a ser ricos, pero nada más cierto
que los ricos también lloran.