Se habla mucho de la burbuja del ladrillo, cuyo pinchazo en 2007 ha generado la mayor
crisis de la historia reciente de nuestro país, y en cambio, los problemas de
la banca no se conciben tanto como una burbuja, sino como un problema de mala
gestión, y de unos cuantos golfos llevándose el dinero de las cajas de ahorro
mediante millonarias indemnizaciones.
Es importante entender que en el sector financiero sí que se ha
inflado, a lo largo de los últimos 15 años, una impresionante burbuja, gemela
de la vivida en el sector inmobiliario. Y si no, observen los
datos publicados
ayer martes por el Banco Central Europeo, que refleja a las claras la
hipertrofia bancaria española: Número de sucursales bancarias en España en
2011: 40.103. Número de sucursales en Francia: 38.323 Francia; 37.853 en
Alemania, 33.561 en Italia o menos de 12.000 en Reino Unido.
Es decir, que España, con solo el 10% de los activos bancarios
totales de toda la Eurozona,
cuenta con el 22% de todas las sucursales. O si lo prefieren, España, con
46 millones de habitantes, tiene más sucursales bancarias que Alemania, con 81
millones de ciudadanos. Es evidente que, en base a estos datos, nuestro país
es, con una sucursal por cada 1.069 ciudadanos, la economía más
bancarizada del continente, con bastante diferencia (en Francia hay una
sucursal por cada 2.272 habitantes, y en Alemania, por cada 2.141).
Y eso que en estos últimos cinco años las entidades financieras
españolas han comenzado a reducir una pequeña parte de esa enorme estructura.
En 2007, justo antes de la crisis, existían 45.500 sucursales bancarias en
nuestro país, unas seis mil más que en Alemania o Francia. Ningún otro país
europeo ha visto cómo se eliminaban tantas sucursales (más de 5.000) en estos
años.
En cambio, la reducción de plantilla que se está produciendo en nuestro
país no es especialmente significativa: Hemos pasado de 275.000 a 245.000 mil
empleados en la banca española (30.000 menos) similar al descenso experimentado
por Alemania o Italia, e inferior al registrado en Francia y Reino Unido (en
torno a 50.000 trabajadores menos).
Y esa gigantesca red de sucursales de los bancos y cajas españolas, ¿a
qué se debe? Básicamente, hay dos razones. Por un lado, la cultura financiera
del país, donde empresas y particulares son muy dependientes de la financiación
bancaria para su normal funcionamiento, a diferencia de otros países donde existen
alternativas (mercados de valores atractivos para pymes, factoring, private
equity, etc) Y por otro, sin duda, el propio desarrollo de la burbuja
inmobiliaria, pues no se olvide que el promotor/constructor es un sector
intensivo en crédito, ya que para funcionar necesita financiación ajena, que ha
sido facilitada por bancos y cajas a espuertas durante todos estos años.
Y si en la banca se ha vivido por una burbuja tan grande como en el
ladrillo, ¿qué consecuencias podemos extraer? La primera y más obvia, que nadie
espere por tanto una recuperación a corto plazo del crédito bancario, pues
ahora mismo lo que toca es sanear y purgar los excesos cometidos en el pasado.
Guerra de depósitos
Quizá haya leído hace
poco que los depósitos en las instituciones financieras españolas han aumentado
en septiembre por primera vez en seis meses, y quizá lo haya interpretado como
una señal de que nuestro sistema financiero está dejando de provocar
desconfianza entre los ciudadanos. La realidad es que no hay motivos para la
alegría por este dato, de la misma manera que no había tampoco razones para el
pánico cuando esas mismas estadísticas arrojaban salidas constantes de
depósitos, pues la gran mayoría de los ciudadanos que los retiraron no estaban
sacando su dinero fuera del país, simplemente estaban buscando mejores
rentabilidades para su dinero.
Porque no es una coincidencia que el flujo de dinero depositado en los
bancos haya comenzado a recuperarse en el preciso momento en que el Gobierno
decidiera abolir una regulación en vigor desde el año pasado por la que se
penalizaba la oferta de los llamados superdepósitos, con tipos de interés
elevados.
La mayoría de entidades financieras españolas sigue teniendo vedado el
acceso a los mercados mayoristas del crédito, lo que significa que la única
manera que tienen de reponer sus niveles de capital es mediante la captación de
capital a través de la red de clientes, esto es, a través de los depósitos,
incluso si ello se produce a costa de ofrecer altísimas rentabilidades, que sin
duda van a afectar a los márgenes de muchas entidades.