martes 12 de octubre de 2010, 19:44h
Hoy, 12 de octubre, se recuerda un aniversario más de la llegada de los españoles a lo que hoy constituyen los territorios libres de América.
Su presencia fue devastadora para unos y muy provechosa para otros.
Una gran parte de los pueblos nativos casi desapareció a causa de las enfermedades traídas por los conquistadores, y la devastación se prolongó hasta quedar convertidos en minorías en gran parte del continente, o incluso hasta desaparecer por completo en otras latitudes.
Pero el choque cultural también logró ampliar el poderío político y económico europeo que, además, consiguió llenar sus arcas a costa del sufrimiento de nuestros pueblos.
Este drama no se sostiene en el cerebro colonizado de algunos historiadores, quienes se permiten sostener que lo que hoy somos, y de lo que nos enorgullecemos, se debe a esa sobreimposición de culturas.
Nadie puede negar que, desde Canadá hasta la Patagonia, la impronta de esta insólita presencia nos ha marcado y, antes que celebrar, debemos a provechar esta fecha para analizar nuestras diferencias, pues la diversidad nos permitirá rescatar lo bueno y lo malo en la construcción de una identidad despojada de prejuicios.
Cuando lo consigamos empezaremos a sentir la presencia y necesidades de los otros para que el mañana tenga el resplandor de la solidaridad ciudadana sobre el contorno de una Patria altiva, soberana y, por fin, libre de la histórica miseria.