La ofensiva arancelaria implementada por la administración estadounidense ha desencadenado un fuerte ajuste en los mercados financieros globales, reflejando una creciente aversión al riesgo y avivando temores de una recesión inducida por una guerra comercial global. Los efectos han sido inmediatos: caídas superiores al 3% en los principales índices bursátiles estadounidenses y una depreciación del dólar frente a divisas consideradas refugio. Las respuestas anunciadas por socios comerciales estratégicos —entre ellos la Unión Europea, China y Canadá— agravan el riesgo de una escalada que pueda comprometer las cadenas de suministro globales. El deterioro de la confianza empresarial y la amenaza de un encarecimiento generalizado de insumos y productos de consumo refuerzan la preocupación sobre un repunte de la inflación.
En este contexto, el Banco Central Europeo ya advertía en sus actas de la reunión de marzo sobre el impacto negativo que estos aranceles tendrían sobre el crecimiento. Aunque el efecto sobre la inflación es aún incierto, se reconoce que un aumento de las barreras comerciales podría generar presiones de precios a corto plazo. El BCE mantiene una postura de cautela, pero no descarta actuar con decisión si las tensiones comerciales se agravan y amenazan el cumplimiento de su mandato de estabilidad de precios. Su próxima reunión será el 17 de abril, y las expectativas de una nueva bajada de tipos han aumentado.