Con ochenta y tres años se ha ido Marujita Díaz. Se ha ido en silencio, en contra de lo que había sido su tónica general durante sus últimos años. Mujer de raza, guapísima y tipazo durante su juventud, simpática y divertida, sus últimos años, en lugar de ser una venerable dama, se convirtió en el hazmerreír de buena parte del público.
Un cáncer que ella no reconocía y que comenzó hace 5 años terminó con ella. Lo más doloroso quizás sea ver que apenas cuatro rostros se acercaron al tanatorio. Y todos ellos de muy bajo perfil. Cuando las personas grandes mueren mucho gentío acude a despedirlo. Quizás las bobadas que hizo en sus dos últimas décadas le pasaron factura. Y es una lástima porque Maruja era mucha Maruja.