Ocultar el cadáver es lo peor
viernes 19 de julio de 2013, 14:41h
Leo en el digital "Diariocrítico" que el PP está estudiando la posible doble comparecencia de
Mariano Rajoy en el Parlamento y, posteriormente, en una rueda de prensa de
verdad, de las de toda la vida, de las que nos enseñaban cuando estudiábamos
periodismo y no estos sucedáneos que se han inventado últimamente que ni son
ruedas ni son de prensa. Pues ya era
hora. Y quede claro que cuando se habla de la nefasta política de comunicación
del Gobierno, hay que salvar a la tropa
de compañeros instalados en esa dependencia que, estoy seguro, coinciden con la
inmensa mayoría de de quienes no entendemos por qué Rajoy se ha instalado en el
mutismo. Pero una cosa son los curritos que trabajan en el gabinete de
comunicación y otra bien distinta eso que se ha dado en llamar "cúpula" -y que
imagino encabeza en estos temas Arriola- que se empeñan en no ver lo que un
niño termina diciendo al final: el rey está desnudo.
La larga espera -y aun no es segura esa
comparecencia- se iba amparando en diversas y absurdas razones para salvar la
dignidad del Presidente: la comparecencia de Rajoy no la iba a condicionar el
encarcelado Bárcenas; después no la iba a hacer por imposición los medios
españoles y extranjeros que no entendían su silencio monástico y al final no
iba a ceder al ultimátum de Rubalcaba ni aunque el líder de la oposición
estuviera acompañado por todos los
grupos de la cámara y menos aun con la amenaza de una moción de censura. Llegados
a este punto, la comparecencia de Rajoy resultaba ya imposible porque el mundo -como eufemismo y en minúsculas- estaba
contra él. Parece que ahora la cúpula se plantea lo que debió plantearse hace
meses: acudir al Parlamento -como es su obligación- a petición propia y decir
allí lo que quiera decir y someterse luego a una ruda de prensa sin pactos ni
componendas. Se supone que antes de tomar esta decisión habrán tratado por
todos los medios de llegar a acuerdos en negociaciones más o menos secretas,
pero es urgente la explicación. Urgente y fácil si los políticos tuvieran una
pizca de humildad.
La magnífica
periodista Lucía Méndez le escribía hace unos días el discurso a Rajoy en una
columna titulada "Comparezco ante ustedes..." en "El Mundo", ese discurso que
Rajoy nunca pronunciará. Recomiendo que lo busquen los lectores en Internet y,
ya puesto, recomiendo que alguien de la "cúpula" se lo pase al Presidente; lo
que proponía Lucía era un derroche de realismo limpio y honesto, de sinceridad
y de lógica que, además de necesario, aumentaría la comprensión de los
españoles, taparía muchas bocas y marcaría un nuevo camino en las formas, hasta
ahora altaneras, de hacer política en España.
Si es que esto es
como en las películas: un tipo se encuentra con un cadáver y su primera
reacción es llamar a la policía: luego le entra pánico por si se creen que ha
sido él quien lo ha matado y decide esconderlo o huir. Y ahí empieza su
calvario. Decir la verdad, contar los hechos y asumir las responsabilidades
desde el principio puede dar miedo, pero ocultar el cadáver termina por
condenarte. Hay que elegir.