Desde hace unos días la rentabilidad del bono de EEUU a 10 años está captando la atención de la mayor parte del mercado. Ayer, superaba el nivel psicológico del 3%, situándose en el 3,03%. Si supera el 3,04%, que fue su nivel máximo en enero de 2014, se situaría en una zona vista por última vez en el verano de 2011. Detrás de esta subida, el nerviosismo sobre el creciente endeudamiento federal derivado de los menores ingresos como resultado de la reforma fiscal promulgada en diciembre y el incremento del gasto presupuestario acordado en febrero, junto con la preocupación por la inflación tras el aumento de los precios del petróleo y del resto de las materias primas. Si a ello se suma la perspectiva de más aumentos de tipos de interés por parte de la Fed, se crea el escenario perfecto para la actual posición vendedora en el mercado de bonos. También el bono a dos años tocó ayer su mayor nivel desde septiembre de 2008, al 2,508%, confirmado el aplanamiento de la curva de tipos y el temor a que si la tendencia continúa la curva podría terminar por invertirse. La semana pasada el presidente de la Fed de Nueva York declaraba que le preocupaba el aplanamiento de la curva de tipos: “Una curva invertida en un poderoso vaticinador de desaceleraciones económicas”. La tendencia ascendente de la rentabilidad de los bonos está empezando a generar nerviosismo en otros mercados ya que podría llevar a los inversores a considerar mover el dinero a valores más seguros de renta fija a expensas de activos con más riesgo, como la renta variable.