Nuevos datos han ensombrecido los positivos de actividad manufacturera que se conocían esta semana. En lo que se refiere a la zona euro, según la encuesta PMI publicada ayer, el crecimiento de la industria de servicios, la de mayor peso en el bloque, casi se detuvo en agosto, lo que sugiere que el largo camino hacia la recuperación será accidentado.
Las empresas del sector servicios han visto cómo el crecimiento de la actividad comercial casi se paralizó el pasado mes, aumentando la preocupación de que el repunte experimentado tras el confinamiento ha comenzado a desvanecerse. El dato de las ventas al por menor en julio no fue mejor. Cayeron un 1,3% respecto al mes anterior, frente al aumento esperado del 1,5%.
Los datos muestran que en la zona euro la demanda se está tambaleando a pesar de que las empresas recortaron los precios, y las plantillas se redujeron por sexto mes.
El mes pasado la inflación volvió a terreno negativo por primera vez desde mayo de 2016, encendiendo de nuevo las alarmas de la deflación en el BCE, lo que podría aumentar la presión sobre la institución monetaria para imitar a la Reserva Federal, que ahora tiene un objetivo más laxo de inflación, y ampliar todavía más los programas de estímulos.
El cambio en su objetivo estratégico de política monetaria ha permitido a la Reserva Federal justificar el mantenimiento de las tipos de interés de referencia cerca de cero y los costes de la deuda pública a términos asequibles en los próximos años. Es posible que el deprimido panorama de inflación y la apreciación del euro empujen al BCE en la misma dirección.