
Una eficaz fórmula para justificarlo todo; por lo menos, mientras dure el embeleso de quienes aplauden.
Las dificultades que debe enfrentar la Revolución Ciudadana, tal como las presentan sus voceros, se deben al accionar de terceros. Pese a que se les ve inaugurando obras que comenzaron en regímenes anteriores, sonrientes y desbordantes de entusiasmo, no hay que equivocarse. Si las obras no marchan, si son deficientes o constituyen una estafa al erario nacional, la responsabilidad es de otros.
Si crece la inflación o los resultados de la gestión económica son políticamente “impresentables”, puede haber varias justificaciones. Los métodos para determinar los indicadores macroeconómicos son obsoletos, inadecuados, resultado de de la ignorancia proverbial de funcionarios al servicio de las elites neoliberales. O existe una “mafia” empeñada en sabotear los empeños aliancistas por “cambiar” al país.
Si alguien toma una simple calculadora, de las que usan los estudiantes en sus escuelas, y se dedica a sumar el monto de todas promesas y “virtudes” del proyecto de Constitución de Montecristi, deberá prepararse a recibir insultos del más grueso calibre. Incluso si olvida tomar en cuenta que cada uno de sus artículos costó 0, 000 a los ecuatorianos que siempre, y por deber cívico, pagamos nuestros impuestos.
Si luego de veinte meses de gobierno, sucede que se incrementa la delincuencia y la inseguridad, las autoridades se lavan las manos, y dicen que otros son los responsables. Incluso hasta insinúan que sus adversarios políticos son los instigan cuanto crimen o robo se comete.
Las culpas son ajenas, y los culpables son otros. Una hasta ahora eficaz fórmula para justificarlo todo. Por lo menos, mientras dure el embeleso de cuantos aplauden.
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