“También hay que destacar otros elementos que también han incidido en la lastimosa situación actual. La prosperidad conseguida gracias a las polÃticas socialdemócratas de las décadas anteriores trajo una evolución del pensamiento social común hacia posicionamientos mucho más individualistas, reduciendo paso a paso los elementos colectivistas y socializadores. Asà fueron cambiando las prioridades de la ciudadanÃa, abonando el terreno para el triunfo ideológico del neoliberalismo.
La situación polÃtica del socialismo democrático en Europa refleja perfectamente esta realidad. En Francia, el PSF está en la oposición, dividido en diversas luchas internas que lo hacen irrelevante tanto en la escena polÃtica nacional francesa como en la europea. En Alemania, el SPD hizo un ejercicio de responsabilidad al formar parte de una gran coalición con los conservadores alemanes, con el objetivo de reenderezar el paÃs. Dicho pacto conllevó una escisión interna con la aparición de un nuevo partido, Die Linke (La Izquierda), provocando una división electoral que imposibilitó cualquier esperanza de obtener la victoria frente a la CDU de Angela Merkel. El Partido Laborista británico es quizá el único que, antes de la primera victoria de Tony Blair, se preparó a conciencia para gobernar desde la izquierda en el nuevo paradigma de la globalización. La llegada de la economia del conocimiento, el aumento del sector servicios y las deslocalizaciones de las empresas llevaban a una disminución de la clase trabajadora tradicional que habia sido la base del Partido Laborista. Y a pesar de que los socialistas europeos lo hemos percibido como una especie de anomalÃa dentro del socialismo, el electorado británico le dió muchas mayorÃas absolutas. Pero el partido no estaba preparado para afrontar la crisis ni la nueva situación económica y social. Por lo tanto, también hoy el laborismo británico se encuentra en la oposición.
La conclusión es muy sencilla: los grandes partidos socialistas europeos están todos en la oposición. Y tan sólo los partidos socialistas de paÃses pequeños como Grecia y Portugal ostentan el gobierno. Hoy por hoy, el socialismo en España es el único socialismo que gobierna un paÃs más o menos grande en Europa, quedando en una situación polÃtica de aislamiento ante el magma de gobiernos europeos conservadores.
Más allá de todo ello, hay que hablar también del debilitamiento de las democracias que ha provocado la globalización. Muchas veces se oye decir que los gobiernos son nacionales y que hay un ámbito, el de la globalización, donde al no haber un gobierno mundial no existen ni gobernabilidad ni reglas. Esta afirmación no es del todo exacta: por un lado hay instituciones polÃticas supranacionales que, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, han intentado organizar las relaciones internacionales de los Estados mediante el diálogo, normas y leyes internacionales, procurando sustituir la guerra por la diplomacia. Este contexto ha funcionado relativamente mientras no existÃa la actual situación de globalización económica. Una globalización económica que, dicho sea de paso, ha contado con las oportunidades servidas por las TIC para expandirse mundialmente, permitiendo que la economÃa financiera se globalizara y, al mismo tiempo, se independizara de la economÃa productiva.
Asà pues, existe una globalización económica pero no polÃtica. Y es completamente falso afirmar que la globalización no está gobernada. En todo caso no está gobernada por los poderes polÃticos, ni siquiera por aquellos que elegimos en los regÃmenes democráticos. La globalización está gobernada por Wall Street y por la City de Londres. Las grandes instituciones y corporaciones financieras, con sus directivos al frente, gobiernan con mano de hierro la globalización económica. Y tienen más poder que los gobiernos elegidos democráticamente en los paÃses desarrollados. No nos engañemos: la globalización no está en absoluto gobernada por los gobiernos ni por las instituciones polÃticas.
Los mercados no son anónimos. Están perfectamente organizados, y un núcleo duro toma las decisiones como, por ejemplo, cuándo lanzar un rumor, o cuándo atacar la economÃa de un paÃs o una moneda, y todo ello con el objetivo de obtener rápidamente jugosos beneficios. La economÃa financiera global es como la ruleta de un casino ilegal, dónde los pobres jugadores (pequeños ahorradores e inversores) esperan tener suerte y el favor del azar, mientras el propietario del casino sabe perfectamente dónde caerá la bola en cada tirada.
Lenin se equivocó cuando afirmó que la etapa superior del capitalismo era el imperialismo. Todos los grandes imperios históricos que persistÃan a principios del siglo XX acabaron cayendo. La fase superior del capitalismo es la globalización de la economÃa financiera, que escapa a cualquier control polÃtico y, por lo tanto, de los ciudadanos.
Ante esta situación, poco podÃa hacer el presidente Zapatero salvo plegarse a los “mercadosâ€. Curioso y bonito nombre para mantener en el anonimato a los verdaderos detentadores del poder mundial.
Con esta realidad global, con toda esta ofensiva y asalto neoliberales para desmantelar los estados sociales de derecho, para que las democracias pierdan contenido y poder, y para que la polÃtica sea meramente formal y sin poder de decisión, cabe plantearse qué deben hacer los partidos socialistas.
¿Qué hacer? Esta es la pregunta que cabe plantearse, partiendo de la seguridad que en un mundo donde abundan las desigualdades los Partidos Socialistas son necesarios y cumplen una función. Pero hay que fijarse objetivos, definir nuevas estrategias para recuperar la hegemonÃa ideológica que ya tuvimos entre los años 50 y 70 del siglo pasado, frente al pensamiento único. Es decir, frente a la hegemonÃa que tiene la ideologÃa neoliberal. Los partidos socialistas deben acabar el trabajo. Y me explico: la socialdemocracia europea consiguió crear y desarrollar los Estados Sociales de Derecho, es decir, humanizar al capitalismo. Mediante los principios éticos y polÃticos de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la socialdemocracia europea desarrolló polÃticas que daban libertad a la iniciativa privada. Eso sÃ, dentro de unas reglas de juego y con la participación del Estado para corregir los desequilibrios que el libre mercado no puede ni tiene por qué corregir. Ahora, en este nuevo contexto, los partidos socialistas deben marcar claramente los nuevos objetivos a conseguir. En el siglo XIX, el marxismo construyó un cuerpo filosófico que ayudó a conseguir unos objetivos. Y tal fue el éxito conseguido que, en el último cuarto del siglo XX, la socialdemocracia pudo decir que dejaba de ser marxista. Y eso tenÃa su lógica por los niveles de bienestar y los logros de reducción de desigualdades sociales que se consiguieron en las democracias occidentales. Y también por comparación con el fracaso de la otra rama marxista, el comunismo.
Ante el espejismo de que la lucha de clases ha terminado, y ante el fin de las ideologÃas pregonado por los neoliberales en la década de los 90, no hay nada más lejos de la realidad. La lucha de clases continúa. En todo caso lo que hay es una reorganización de esta lucha con la necesidad de nuevas alianzas. Éste es el campo polÃtico que se abre para los partidos socialistas, en el que deben desarrollar nuevas estrategias y alianzas.
La primera nueva y gran alianza tiene que ser entre trabajadores y empresarios, una alianza contra la nueva clase de financieros especuladores. Hoy por hoy es absolutamente necesaria esta alianza en el ámbito de todos los actores de la empresa productiva, de empresarios y trabajadores, frente a los especuladores financieros. Los convenios colectivos ya no han de ser una lucha entre empresarios y plantillas sino una alianza de ambos sectores. Deben ser un pacto en el interés común para salvar el barco en el que viajan ambos sectores. En el mundo de la empresa existe un reparto de funciones. Por un lado, el empresario invierte, se juega su patrimonio y dirige la empresa buscando mercados para sus productos. Por el otro lado, los trabajadores elaboran la producción y siguen las directrices del empresario. Cada uno tiene su responsabilidad, pero todos tienen un interés común: la buena marcha de la empresa. En el contexto actual, los empresarios del tejido productivo son tan vÃctimas como los trabajadores de la independencia y globalización del sistema financiero respecto a la economÃa productiva. Los desmanes y el descontrol de las operaciones financieras internacionales acaban repercutiendo en la buena marcha de la economÃa productiva. Y no es difÃcil imaginar las sonrisas de las grandes corporaciones financieras cuando ven como empresarios y trabajadores se entretienen en una lucha sectorial y de corto alcance, en una negociación de convenio colectivo, para arrancar unas décimas de más o de menos en los salarios. Y es que, mientras, no se presta ninguna atención al verdadero problema, que consiste en poner barreras al campo, es decir, en regular la actividad financiera global. No se puede dejar de tener en cuenta que expresiones como “ingenierÃa financieraâ€, “contabilidad creativa†y algunas otras no son más que diferentes eufemismos para esconder actividades que siempre se han conocido por el nombre de estafas.
Los partidos de la derecha han abandonado el espacio polÃtico de representación del tejido empresarial productivo, pasándose en masa al neoliberalismo puro y duro. Por todo ello, el nuevo papel de los partidos socialistas deberÃa ser tejer esta alianza en el mundo de la empresa, representando también los intereses del empresariado productivo, dado que en estos momentos ya no son contradictorios con los de los trabajadores. Los partidos socialistas tienen, por lo tanto, un nuevo papel en la historia recuperando el hecho de trabajar por la justicia social, tejiendo nuevas alianzas, y abriéndose a representar a segmentos más amplios de la sociedad, unos segmentos que han sido abandonados por la derecha polÃtica”.
ArtÃculo de Joan Manau