Leopoldo, el penúltimo mohicano
Joooder, de pronto me llama una compañera para anunciarme, este sábado a mediodÃa, que se ha muerto Leopoldo. Que no es que fuese amigo mÃo, claro –demasiadas distancias a su favor–, pero sobre el que he escrito mucho, al que he tenido que padecer algo y al que he gozado, sobre todo leyéndolo, mucho. Bueno, he encargado algunos artÃculos de urgencia para el diario, y he escrito también mi modesta contribución, dejándome para otro dÃa algunas anécdotas que con él ocurrieron. Como cuando protestó a Pedro J.RamÃrez porque yo escribÃa, en Diario 16, un serial sobre él sin duda excesivamente cargado de tintas e inmisericorde –es la historia de mi vida–. Pero no era rencoroso, y poco después le hacÃa una entrevista aérea, en un vuelo regular a Atenas, recorriendo el pasillo del avión, yo tras él con el magnetófono, sin que ningún pasajero levantara siquiera la vista, curioso. Tal falta de carisma tenÃa.
Y, sin embargo, creo que, con ese tono gris de terno y de rostro, nos sacó algunas importantes castañas del fuego. Es un pedazo de nuestra historia, de la de todos en general y de la de algunos, que ya vamos peinando demasiadas canas –o no peinándolas siquiera– en particular. Como homenaje, esos versos que él mismo atribuyó, con coña gallega, a un amigo “altÃsimo poeta”, y que no era otro que él mismo, creo.
Ya nos queda un testigo de excepción menos de una era irrepetible. Glub.
3 de Mayo de 2008 a las 21:37
Esto es una tragedia, Fernando.
Para mà ha sido el mejor Presidente de la Democracia; porque éste sÃ, de verdad y más que ninguno, puso por delante el futuro que su gloria.
Porque no me da tiempo; si no, cogÃa un avión para ir a la capilla ardiente, si la abrieran al público.
Un abrazo.
Javi
4 de Mayo de 2008 a las 12:41
Le echó un par con lo del juicio de campamento. Pero no olvidemos que a los instigadores civiles se le marcharon de rositas
6 de Mayo de 2008 a las 23:01
Se ha hecho demasiada tragedia en torno a un hombre que tuvo mucha suerte en la vida que se le concedió