Empieza el baile de ministros

Enviado por Fernando Jáuregui | 03/09/10

Lo decíamos en un post de la pasada semana: a ZP se le acaban los pretextos para no cambair a sus ministros; pues bien, empieza el baile, que siempre es un espectáculo para quienes disfrutamos viendo desde la barrera la cosa política.

SE abrió un melón que lleva muchos meses abierto: el de la presumiblemente cercana crisis –o minicrisis, o remodelación, o recambios—de Gobierno. Un tema recurrente que Zapatero tiene que abordar, pero del que da la impresión de que va huyendo. Pretender limitar la remodelación ministerial al titular de Trabajo, Celestino Corbacho, porque se va a pelear las elecciones en Cataluña, y, acaso, a Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad, porque anda en su lucha de primarias con Tomas Gómez, sería un error mayúsculo. El actual Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero no necesita solamente un par de recambios para tapar agujeros en las listas electorales –y ya veremos si, al final, contraviniendo toda lógica, no se mantiene en Sanidad a ‘Trini’, hasta comprobar si gana o pierde su pulso con Gómez–: precisa una remodelación a fondo, una crisis que afecte a la estructura del Gobierno y a las ideas que lo animan, si es que tales ideas se mantienen y no han sido completamente ofuscadas por el desgaste del poder, por el agotamiento, por la coyuntura adversa.

Zapatero tendría, pienso, que fortalecer un ‘núcleo duro’ de su Gobierno, potenciando a los ministros verdaderamente representativos, y eliminar –entre otras cosas porque existen dos resoluciones parlamentarias al respecto— algunos ministerios, o convertirlos en secretarías de Estado dependientes de otro Departamento.

Y ¿quiénes están, a mi juicio, en ese ‘núcleo duro’? Indudablemente, el titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega –aunque últimamente su sintonía con Zapatero no sea la misma que hace seis años, lo que resulta lógico–; la ministra de Defensa, Carme Chacón; acaso el ministro de Exteriores –a quien también se da por saliente, dado su interés por presentarse a las elecciones para la alcaldía de Córdoba–, Miguel Angel Moratinos; puede que el titular de Educación, Angel Gabilondo, pese a su no adscripción partidaria…y poco más. Todo el resto del elenco es prescindible, sustituible o modificable, desde el área económica hasta la cultural o la social.

El titular de Fomento, José Blanco, también indudablemente en ese ‘núcleo duro’, tendría forzosamente que cambiar algunos comportamientos partidistas y refrenar una borrachera de poder que le está haciendo ser cuestionado por no pocos militantes socialistas ‘de base’…y no tan de base. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, no carece, sin duda, de personalidad, pero no todas sus ideas, ni el desarrollo de las mismas, han sido afortunados. El ministro de Justicia, Francisco Caamaño, es persona seria, parece que competente, aunque cuestionada en algunos ámbitos (inevitable, dado el estado de nuestra Justicia). Los ministerios de Vivienda, Cultura, Igualdad, Ciencia y Tecnología y la vicepresidencia tercera, desempeñada por alguien del peso político de Manuel Chaves (presidente del PSOE), simplemente sobran o podrían transformarse en secretarías de Estado, dependientes de alguna vicepresidencia del citado ‘núcleo duro’. Medio Rural y Medio Ambiente (y medio marino) se ha convertido en un cajón de sastre, bien regido por una ministra que odia el relumbrón, Elena Espinosa: es un Departamento que tiene que existir, cambiando, claro está, su actual denominación y deslindando claramente las funciones, cada vez más importantes, de Medio Ambiente, respecto de las de agricultura y pesca.

El área económica no ha dado los resultados apetecidos y es donde, acaso, se haga precisa una labor quirúrgica más delicada, como es evidente a raíz de los bandazos, contradicciones, globos sonda y previsiones fracasadas registrados en los últimos meses. Se hace patente en este campo el desconocimiento del presidente en la materia y la existencia de una pluralidad de asesores y semi-responsables que precisan de una urgente coordinación. No es buena idea que sea el propio Zapatero quien presida el ‘cónclave’ de ministros del sector: debería hacerlo el/la vicepresidente/a económica. Pero sobre Elena Salgado han pesado demasiados condicionamientos, comenzando por la pronta dimisión del secretario de Estado de Economía, David Vegara, y algunos roces con altos cargos de se y otros departamentos, como para hacer plenamente fructífera su gestión.

A la vista de este panorama, parece claro que Zapatero ha perdido mucho tiempo a la hora de remodelar su Gobierno, que tiene poco más de un año de vida, pero un desgaste acumulado considerable. Hora es ya de ponerse manos a la obra, sin dilaciones cosméticas, abandonando esa vieja tozudez, que acaba por afectar a todo inquilino de La Moncloa, que insiste en decir “a mí, la prensa no me hace la crisis”. En este caso, la necesidad de la crisis es un clamor que trasciende a las páginas de los periódicos y a las tertulias de radio.

Bravo Toni Asunción…

Enviado por Fernando Jáuregui | 02/09/10

Dicen que se presenta a las elecciones primarias en Valencia, frente al ‘oficialista’ Jorge Alarte. Hablo de Toni Asunción, aquel ministro del Interior de Felipe González que tuvo el coraje de dimitir cuando se le ‘escapó’ el corrupto director de la Guardia Civil Luis Roldán. Un hombre íntegro, que ha permanecido callado diez años, dedicado a sus asuntos privados, en los que ha estado acompañado por el éxito. No es un oportunista que viene a ver qué le cae, sino un convencido de que así no pueden seguir las cosas en la Comunidad Valenciana ni en el PSPV. Para mí, que creo en la democracia interna efectiva en los partidos políticos y, por tanto, en unas primarias limpias y serias, la irrupción-sorpresa de Toni Asunción, si se confirma, es una gran noticia, digna de aplauso.

Partido Jiménez-Gómez: primer set…

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/09/10

Estaban tensos Trinidad Jiménez y Lissavetzky (¿se escribe así?) hoy en su comparecencia ante un nutrido grupo de seguidores en el Partido Socialista Madrileño, Palacio de la Prensa. Querían forzar la foto con Tomás Gómez, que estaba en su despacho y la cosa salió regular: entre empellones, sudores, atascos en los ascensores y en la escalera, los fotógrafos estuvieron a punto de hacer un plante cuando inicialmente solo entró el cámara de Efe. No había sitios para la prensa, el desorden se palpaba…En fin, muy mal organizado (¿quién le lleva la comunicación a la simpática Trini?). Imposible hacer preguntas, porque era ‘un acto de partido’ (?).


¿Lo hará mejor Tomás Gómez cuando se presente el domingo ante los suyos –dicen que van a convocar a mil doscientas personas– en la sede, atención, de UGT, presumiblemente entre carteles llamando a la huelga del 29?Las posiciones son irreconciliables, por ahora (en política ‘jamás’ quiere decir ‘hasta esta misma tarde’), el espectáculo está siendo glorioso, pero poco edificante: unas primarias –que a mí me parecen muy bien–han de organizarse en serio, con debates en la tele, en Internet, en los periódicos, en las radios; con actos sectoriales, no de mero aplauso, diciéndonos en qué van a mejorar la Comunidad de Madrid cada uno de ellos y por qué hay que votarles a ellos y no a Esperanza Aguirre, más allá de cuestiones ideológicas que sospecho que al ciudadano, a la hora de su bienestar, le importan bastante poco.

Surrealismo puro

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/09/10

Unas veces, la política española puede ser desesperante. Otras puede, si se toma la cosa con sentido del humor, ser simplemente divertida. Y es que el panorama político español está lleno de elementos del más puro surrealismo celtibérico. Véase, si no, al cordobés Montilla, president de la Generalitat y alumno de catalán por las noches, encarnando al máximo defensor del arrinconamiento del castellano.

O, por poner ejemplos más puntuales, podríamos considerar los flecos de la negociación en curso entre los socialistas y el Partido Nacionalista Vasco en busca de que estos últimos apoyen los Presupuestos para 2011 y eviten, así, que Zapatero tenga que convocar elecciones anticipadas. Unas elecciones que todas las encuestas auguran que perdería ZP.

Dos cosas me llaman poderosamente la atención relacionadas con esta negociación, que todavía está, parece, en sus comienzos. La primera, que los PGE del año que viene, y la cabeza política de ZP, dependan de un partido al que los Presupuestos apenas le afectan, puesto que el régimen con el País Vasco funciona bastante al margen de las cuentas generales del Estado. La segunda, que el Gobierno central, en lugar de negociar con el correspondiente Gobierno autonómico, que sería lo lógico, lo haga con el partido que está en la oposición, cual es el caso del PNV.

Así, el PNV podrá presumir de haber ‘arrancado’ al Ejecutivo ‘en Madrid’ cosas que el correligionario de Zapatero y lehendakari vasco, Patxi López, no ha conseguido. No deja de ser una manera de debilitar al actual Gobierno vasco, que es, lógicamente, lo que buscan los nacionalistas, con la no me nieguen que surrealista cooperación de Zapatero, lanzado más que nunca a la búsqueda de extraños compañeros de cama y cuya obligación –teórica—sería apoyar a su colega Patxi López.

No me extraña el enfado de López y de sus aliados en Euskadi, es decir, los del PP comandados por Antonio Basagoiti, que no acaban de encajar con humor, y se entiende, las ironías de la situación. Tampoco me extraña la perplejidad general de los observadores. Si el Gobierno vasco del PSE apoyado por el PP era, lo decían todos, un gran avance político para España,¿merece la pena comprometerlo con un acuerdo en el que el PNV podría pedir cesiones políticas inasumibles? Y, si no se llegase a un acuerdo con el PNV, ¿habría que disolver forzosamente las Cámaras legislativas y anticipar las elecciones?

Y si esta disolución y la consiguiente anticipación se llevasen a cabo¿Para qué se haría, para no tener que prorrogar unos Presupuestos inservibles para el año que viene? Ah, pero –nueva genialidad surrealista made in Spain– ¿habría Presupuestos nuevos si se disuelven las Cortes en diciembre para celebrar elecciones en marzo, pongamos por caso? Pues no, no señor; habría, en todo caso, que prorrogar un año más los actuales Presupuestos, surrealistas ya de por sí, como los del año pasado, porque poco tienen las previsiones en ellos contenidas que ver con los datos de la realidad.

¿Entonces? Pues ya le digo: si Breton, padre del surrealismo, levantase la cabeza…

Estado de obras gallardoniano

Enviado por Fernando Jáuregui | 01/09/10

(incluyo fotos de las vistas desde mi balcón. El ruido se lo imaginan ustedes). Gracias.

Perdón por la incursión personal, pero sigo bajo el estado emocional de shock cuando he visto, tras una semana y media de ausencia, el , valga la redundancia, estado en el que el Estado de obras implantado por Ruiz-Gallardón ha colocado la calle Recoletos, donde se ubica diariocritico. Intransitable durante más de dos meses, nos dicen: zanjas, polvo, ruido continuo que nos impide entrar en las radios en las que trabajamos. Tienen, por lo visto, que ampliar las aceras e impedir que los coches aparquen en esa calle, antes tan tranquila, perfecta para instalar una oficina en un sitio que algunos necesitamos céntrico, aunque sea tan caro.

Gallardón se ha lanzado a una demencia de obras ahora en toda la zona en la que el periódico se sitúa, desde Colón hasta Cibeles, por un lado, por todo Serrano y calles adyacentes, por otro. Llevamos dos años de infierno, y lo que queda…hasta que, en 2011, a coste astronómico, el munícipe regidor de la Villa y Corte nos presente sus realizaciones, campeones mundiales de aceras, Colón trasladado de nuevo del lateral al centro de ’su’ plaza, obstaculizando aún más el tráfico…Todo perfectamente innecesario.

El despropósito del Plan E zapateril se extiende este verano a diversos municipios, que no sé de dónde han sacado el dinero para sus obras agosteñas (sí, no ha sido solamente Madrid). La ciudad, cada vez más insufrible por mor del faraonismo de unos políticos ambiciosos que piensan en todo menos en el bienestar de los ciudadanos, que los elegimos –ay; los socialistas nos dejan, con sus manejos madrileños, en manos de Gallardón– y los pagamos.

Luego dicen que la gente no aprecia a sus representantes. Y que a lo mejor hay récord de abstenciones en las elecciones del año próximo…Yo, desde luego, a Gallardón no le votaría ni loco. Pero ¿a quién, dígame usted, votar?¿Al desconocido que nos coloca el PSOE? ¿Hay algo más? ¿Hay alguien, socorrooooo, por ahí?

El mundo, según ZP

Enviado por Fernando Jáuregui | 31/08/10

Anda Zapatero promocionando la marca España por extremo Oriente, y me parece básicamente bien. Siempre insisto en que España es un gran país –mucho más grande que ese bastante feo ‘Miguelín’ que se ha hecho célebre en la feria de Sanghai—en el que hay que creer y al que hay que potenciar. Que seis millones de personas hayan acudido al pabellón español de la segunda ciudad china me parece sintomático. Que el número de turistas –aunque no el volumen de ingresos—que han acudido este verano a disfrutar de nuestro país haya aumentado, me parece igualmente un dato a poner en la balanza. Siempre he dicho que uno de los peores pasivos en nuestra cuenta de resultados es ese hispano-pesimismo desde el que devaluamos, nosotros mismos, a nuestro país. Y que la imagen que tenemos de nosotros mismos es peor, digan lo que digan el ‘Financial’ o el ‘Wall Street Journal’, de la que se tiene de España y los españoles por esos mundos de Dios: seguramente muchos de ustedes lo habrán comprobado si este verano han viajado fuera de nuestras fronteras.

Escribo esto no tanto a cuenta de los paseos del presidente por China y Japón como en relación con la situación de España en el mundo. Dice el ‘Newsweek’ que estamos en la vigésima posición entre los países que resultan más atractivos para vivir; no sé si comparto todos los parámetros de la influyente revista norteamericana a la hora de cuantificar esos atractivos, pero le aseguro a usted que prefiero vivir aquí que en Singapur, por ejemplo, que es una de las naciones que nos anteceden en la lista y donde tirar una colilla al suelo te puede conducir directamente a la cárcel.

Pienso que España tiene una envidiable posición en lo que se refiere a sus relaciones con casi todos los países del mundo, y me irrita que algunos portavoces de la oposición, o algunos comentaristas, echen su cuarto a espadas pidiendo continuamente “firmeza” a la diplomacia española frente a, digamos, Rabat, Caracas, La Habana o La Paz, por citar solo algunos ejemplos.

Pues claro que me ha molestado la meliflua posición del Gobierno español tras el ataque de policías –sí, policías— del régimen semifeudal de Marruecos a unos manifestantes españoles prosaharauis; claro que me indigna la inseguridad jurídica que a veces Evo Morales o Hugo Chávez imponen a los inversores españoles en sus respectivos países; claro que me entristece comprobar la situación de miseria, material y democrática, en la que el tirano Castro ha sumido a nuestra querida Cuba. Naturalmente que vibro de rabia cuando veo esas fotografías de ejecuciones masivas en China. Pero nada de ello significa que tengan validez las exigencias de esa falsa ‘firmeza’ con la que debería actuar nuestro Gobierno, una ‘firmeza’ que, en según qué casos, en la práctica supondría casi una ruptura de relaciones con esas naciones, de las que España debe seguir siendo amiga porque nos conviene y también porque conviene a alguno de nuestros poderosos aliados.

En mi opinión, la diplomacia española debe seguir siendo cauta, con la prudencia que da saber que es mejor sembrar intereses que rencores, utilizar la negociación y no los cañones, ni siquiera los verbales. Ya sé que no todo el mundo estará de acuerdo conmigo en este punto, pero soy un convencido de que es en materia de política exterior donde, salvo los errores personales iniciales de Zapatero y algún que otro episodio aislado, España ha cosechado sus mayores –casi únicos, si exceptuamos los deportivos—éxitos en esta Legislatura. Empeñarse en otra cosa quizá sea seguir tirando piedras contra nuestro tejado, que cada vez es más de cristal.

Prefiero Moriles que Montilla

Enviado por Fernando Jáuregui | 30/08/10

Debo reconocer, en primer lugar, que nunca me ha convencido José Montilla. Ignoro su trayectoria, dicen que positiva, como alcalde, y he sido bastante ajeno a su liderazgo de los socialistas catalanes. Pero conozco su desastroso paso por el Ministerio de Industria y su me parece que desafortunadísima estancia en la presidencia de la Generalitat catalana, donde aspira a repetir.

Creo que un periodista jamás debe decantarse por una opción ante unas elecciones, aunque es perfectamente legítimo que lo haga (los periodistas también somos ciudadanos, al fin y al cabo ¿no?). Sin embargo, hoy voy a romper mi propia regla: me parece que José Montilla, el hombre que más ha hecho por alejar a Cataluña del resto de España y por desprestigiar a las instituciones, la contradicción viviente que estudia catalán por las noches para enterrar la lengua española durante el día, el aficionado a los toros que tanto hizo por prohibirlos, el socialista que ha conculcado todos los principios clásicos del socialismo, no debe seguir en el cargo.

El concepto del Gobierno tripartito no es sino una amalgama de extraños compañeros de cama, cuya única ventaja ha sido restar la influencia artificial que había adquirido Esquerra Republicana en los días azarosos de Pasqual Maragall y del debate sobre el Estatut de autonomía. Por mí, que las elecciones autonómicas se celebren cuanto antes (menos tiempo estará Montilla en la Plaza de San Jaime), siempre y cuando quien gobierne sea el más votado, se llame Mas o Menos. Da igual: todo, excepto la reunión de oportunistas para arrebatar el poder a quien realmente ha ganado en votos y/o en escaños.

En tiempos, un anuncio radiofónico vinícola decía: “ la elección es bien sencilla: o Moriles, o Montilla”. Pues eso: para mí, cualquier opción es buena menos la del que, para seguir en el machito, hace primar el truco político sobre cualquier otra consideración. Y ese es, en mi opinión, Montilla. Si yo fuese catalán, mi elección, pese a todos los pesares que a usted y a mí puedan ocurrírsenos, sería sencilla.

El Barça empieza arrollando(nos)

Enviado por Fernando Jáuregui | 30/08/10

Un apunte ‘frívolo’ (el futbol no es ninguna frivolidad) y un mensaje al Barça: así ya se puede, abusones…

(pero que se chinchen, que se ha ido Ibra de malas)

Cuidado ZP: ¡llega septiembre!

Enviado por Fernando Jáuregui | 29/08/10

Se ha comentado bastante que, desde el punto de vista político, este verano no ha sido precisamente un éxito para Zapatero ni, por extensión, para el conjunto del Gobierno. Ni ha habido remodelación ministerial, ni un acuerdo convincente con Marruecos que garantice que no volverán a ocurrir cosas como la de Melilla, ni ha habido un debate sobre si nuestras tropas deben o no seguir en Afganistán, ni se ha pacificado el siempre levantisco socialismo madrileño, ni los miembros del Gabinete han dado muestras de más coordinación que antes de irnos de vacaciones. Por no tener, no hemos tenido, aún, ni siquiera la esperada declaración-trampa (¿o no?) de ETA hablando de tregua. Así, con las manos bastante vacías, con anuncios contradictorios sobre pensiones e impuestos que no hacen sino aumentar la inseguridad producida por el Ejecutivo vacilante, entramos en el temido septiembre.

Ahora llega el otoño previsiblemente caliente, con los sindicatos tocando los tambores de guerra –va a ser especialmente interesante, este año, la ‘fiesta’ de UGT en Rodiezmo– , con el president Montilla convocando elecciones en Cataluña– aunque casi nadie sabe con certeza para cuándo, pese a los rumores que circulan: cuanto antes lo haga, antes perderá el sillón–, con la vicepresidenta Salgado teniendo que negociar los Presupuestos nada menos que con un PNV que quiere recuperar el poder en Ajuria Enea… Y, desde luego, con la necesidad ineludible de empezar a recortar de una manera efectiva el gasto público, con cuanto ello significa de desgaste para quien gobierna. Comprendo que al presidente le apetezca muy poco empezar a surcar, ahora de hecho, este curso político en el que, se empieza a admitir en círculos monclovitas, tal vez tenga que convocar elecciones anticipadas.

Quizá incluso lo esté deseando, contra lo que parecía hace muy poco tiempo; puede que esté ansioso por acabar con lo que me dicen que considera ya como una especie de martirio, y ni los viajes al lejano Oriente, como los que acometerá esta semana, le permiten ya separarse de la durísima realidad nacional. Ya se sabe que ZP es persona de vaivenes, y lo que ayer era malo –adelantar las elecciones– hoy las circunstancias pueden convertirlo en conveniente, o hasta en necesario, si los socialistas no logran pactar los Presupuestos para 2011. Zapatero no ha aprovechado este mes de agosto para barrer la casa, y el polvo se acumula: sospecho que habrá de pagar cara esa factura. Septiembre será, sin duda, mes de gran temperatura informativa, ya lo verán.

¿Hay que ‘deshacerse del líder’, como dice ‘The Economist’?

Enviado por Fernando Jáuregui | 28/08/10

Los españoles tienden a mantener una feroz autarquía –o vamos a llamarlo ensimismamiento— en sus preferencias informativas: en comparación con la lucha Gómez-Jiménez en Madrid, o con lo que vaya a ocurrir en Rodiezmo, o con lo que está ocurriendo en la Valencia de Camps, por ejemplo, poco importa, en términos generales, si nuestros soldados deben o no abandonar Afganistán cuanto antes. Y menos aún importan las explicaciones oficiales acerca de lo que hagamos en tan inhóspito país o la petición por la oposición de esas mismas explicaciones, ahora tan insuficientes. Y ello, aunque hayan muerto tres de los nuestros que defendían, hasta más allá de los límites del cumplimiento del deber, lo que podríamos llamar intereses de Estado.

–’complejo de Irak’–

Desde que visité las bases españolas en Afganistán, hace ya seis años, me he declarado a favor de la salida de los soldados españoles y de que Zapatero olvide de una vez ese ‘complejo de Irak’ frente a los Estados Unidos, cuando ahora el propio Obama está anunciando que se marcha –en la práctica, vencido—de aquel territorio terrible. Un territorio que no puede calificarse de nación, donde ni siquiera sabemos con certeza que aniden los dirigentes de Al Qaeda y cuyas desorganizadas guerrillas de harapientos forajidos fanáticos vienen resultando imbatibles para los principales ejércitos del mundo. Interesante tema para un debate en las Cortes, cuando muchos de los mejores jóvenes españoles tienen que desempeñar allí sistemáticamente una peligrosa labor que ya nadie se atreve a calificar como de pacificación y democratización.

Pues resulta que ese debate no se produce, porque el partido en el poder no quiere y porque los demás no se empeñan demasiado en ello, en la sede que le correspondería, la parlamentaria, mientras los distintos dirigentes de las formaciones nacionales empiezan a preguntarse –por fin—qué hacemos en Afganistán y si merece la pena el sacrificio de sangre que ya nos va costando nuestra permanencia en el país que ni estructura ni realidades de país tiene. Zapatero, que se nos marcha un día de estos a Japón y China, no parece querer saber nada del asunto afgano, convenido, ya digo, de que a los ciudadanos de acá, entretenidos con el espectáculo circense de la política casera, les importa bien poco lo que ocurra allá. Y la ministra del ramo, Carme Chacón, que mantiene con cierta dignidad el tipo, aunque a veces no dé la talla, se limita a lo de siempre: a acusar a la oposición, recordando que los del PP fueron los primeros en enviar tropas a Herat y de “utilizar los momentos de dolor desde la tribuna de un mítin”. Balones fuera ante las explicaciones que, lógicamente, pide la oposición, tampoco exenta de culpas cuando ejerció responsabilidades militares en el pasado.

–de debate, nada–

La coyuntura exigiría un debate en profundidad, sin miedo a las miradas desde Washington, y soluciones radicales. Pero nadie se atreve a tanto, por más que en la mayor parte de las cancillerías aliadas occidentales hayan anunciado ya hace tiempo sus planes con respecto a sus soldados en tierras afganas. ¿Falta de liderazgo, de ganas de explicar claramente las cosas a los españoles –como, por cierto, ocurre cada día con las contradicciones entre unos y otros ministros sobre asuntos económicos–? Puede que algo de eso haya: la opinión pública doméstica está, da la impresión a veces, muy domesticada, y alza los hombros indiferentes ante las grandes cuestiones…que nadie se toma la molestia de explicarle.

–’The Economist’ nos mira con British eyes–

Y aunque la indiferencia ante lo que ocurre en el mundo mundial sea la tónica general, se percibe paradójicamente una pasión por lo que de nosotros digan los medios extranjeros considerados aquí como de mayor prestigio: esta semana, The Economist, que suele seguir con informada distancia los asuntos españoles, nos dice que las elecciones de nuestro país las ganará el partido “que tenga la valentía de deshacerse de su líder” (o sea, de Zapatero y/o de Rajoy). Pero ¿cómo esperar tal acto de presunto valor cuando aquí nadie se atreve siquiera a cuestionar las posiciones políticamente correctas sobre la permanencia o no de nuestros militares allá, en Afganistán? Me da la impresión de que, una vez más, The Economist analiza las hispanas cuestiones con británica mentalidad: al fin y al cabo, allí la opinión pública tiene muy claro lo de sus tropas en Afganistán, entre otras muchas cosas.