Excesos de un registro

Crónica desde dentro del registro de la Guardia Civil al Banco Espírito Santo
- Los trabajadores de la entidad en Barcelona se quejaron del trato recibido

El registro de las instalaciones de Banco Espírito Santo y de BNP en varios lugares de España fue ayer la noticia del día, más allá de la resaca de las elecciones catalanas. He contado con el testimonio de empleados del banco que se encontraban dentro de la sede de Madrid en la calle Velázquez en el momento en que irrumpieron los agentes de la Guardia Civil para llevar a cabo el registro ordenado por la Audiencia Nacional.

Me cuentan que a los trabajadores se les trató como a delincuentes, especialmente en la sede del banco luso en Barcelona. Al parecer, cuando las fuerzas del orden irrumpieron, les ordenaron de malas maneras a todos los trabajadores que se estuvieran quietos, dejaran todo lo que estaban haciendo de inmediato, los ordenadores abiertos y sin tocar teclado y ratón y, lo que fue más drástico, móviles personales encendidos y sobre las mesas. Además, se les ordenó que salieran de las instalaciones sin tiempo de coger abrigos –ayer no fue un día especialmente veraniego, aunque tampoco invernal, todo sea dicho- y se les dejó en la calle esperando una orden para poder volver a entrar: horas sin saber qué iba a ser de sus pertenencias ni la hora en la que podrían retomar sus tareas y, por extensión, volver a casa.

En Madrid, me relatan también, se registraron ordenadores de una forma menos drástica, preguntando antes la responsabilidad de cada empleado y sus tareas. Uno de los testigos, que prefiere mantenerse en el anonimato, cuenta cómo vio a un agente de la Guardia Civil  chequear un ordenador con el fin de encontrar la cartera de clientes en fondos de inversión. Pudo confirmar que eran cinco empresas clientes las que estaban investigando y vio al menos el nombre de dos de ellas no sin muchas dificultades mientras el agente de la Benemérita registraba en ese momento. Prefiero dejar en el aire esas dos compañías por la dificultad encontrada para identificarlas al 100%. Una de ellas sería fácilmente -mal- confundida con una marca multinacional de refrescos.

En la capital, por otra parte, no se prohibió a los trabajadores tener en uso sus móviles personales o de trabajo, ni los fijos de su mesa, así como otro tipo de comunicación, aunque no por correo electrónico, ya que se les exigió no seguir usando sus terminales. Cierto es que no pudieron salir a la calle y por lo demás estuvieron incomunicados con el exterior, pero las medidas fueron menos restrictivas que en Barcelona.

El registro duró horas, y aunque los empleados quedaron ‘liberados’ a la hora de la comida, no obtuvieron ninguna información a lo largo de la mañana sobre cuándo terminaría su ‘confinación’ forzosa. Lo que sí me han asegurado  es que al banco se le ha hecho un gran daño en imagen, ya que se esperaba ingresar ahora un gran capital en la campaña de fin de año para captar inversiones de empresas y particulares.

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