A dejarse los ojos

Recuerdo que tenía unos diez años cuando apareció la Game Gear, la consola portátil de Sega, eterna rival de Nintendo. Había salido al mercado meses antes la celebérrima Game Boy, en los tiempos en los que era en blanco y negro y las pilas valían tan caras que terminabas dejando de usar una consolar portátil para estar pegado a un enchufe. Era un gran engaño. Pero a mí me daba igual. La Game Gear era en color, la segunda que había salido de su especie tras la Lynx de Atari, y era una pasada por entonces. Ahora, cualquier juego de los suyos pasa por un episodio de la prehistoria gráfica y tecnológica.

Pasaron los años y Nintendo barrió del mercado a Sega con sus Game Boys a todo color, mucho mejores, y Sega se centró en las consolas de televisión. Yo nunca tuve de ésas, sino ordenador y la citada portátil de Sega. La cuestión es que me pasaba horas y horas dejándome los ojos, como decían mis padres y abuelos, ante esa pantalla que ahora se ve como enana. Incluso vendían un accesorio que era una lupa para aumentar la pantalla falsamente.

Todo esto queda borrado por las nuevas generaciones: la Game Boy Advance y la novísima PSP (PlayStation Portátil). La primera es incluso más revolucionaria y lleva meses vendiéndose ya. Consiste en la interacción también de un lápiz para meterse en la acción del videojuego. La PSP simplemente farda por la inmensidad de su calidad gráfica y otras aplicaciones, como la posibilidad de navegar para competir en la Red, de ver películas en formato UMD Vídeo y escuchar música en formato digital. Una pasada, y eso que no soy un loco de los videojuegos. Me gustan más los de ordenador, que permiten más ‘complicaciones’ gracias al uso de ratón y teclado.

La PSP tiene pinta de que barrerá en ventas. La primera vez que la vi fue unos dos meses antes de que llegara ahora a Europa. La llevaba un yuppie que debió comprarla en EEUU o Japón. Impresionaba por su calidad gráfica y la resolución que le permite la gran pantalla extraplana. La Game Boy Advance venderá, pero no creo que tanto. También está la Game Boy Micro, que competirá directamente con la PSP por su semejanza. Y en cuanto a la Nokia n-Gage, la cual estuve a punto de comprármela para también usarla como teléfono móvil, ha sido todo un fracaso.

Así que nada, a dejarse los ojos con la PSP. Lo malo es que de momento Sony no ha sido muy generosa y en el pack, que vale 250 euros, que ya es, no se incluye ni un mísero juego de regalo. Ni un comecocos. Hay que ser cutre, leches. De todos modos, en algo puedo asemejarme con un niño que tenga ahora esta consola y la Game Gear que tenía yo en mi infancia: que las pilas duran poco. La PSP tiene una autonomía de sólo 3 horas. Nadie es perfecto.

2 Respuestas a “A dejarse los ojos”

  1. Chico Siemens Dice:

    Qué recuerdos. Me ha invadido la nostalgia al ver las fotos de las primeras consolas portátiles.

  2. Pablo Muñoz Beleña Dice:

    A mí me sucedió lo mismo mientras montaba las fotos para el artículo. Tiempos pasados…

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