Espera que te hago otra
Cómo ha cambiado el mundo de la fotografÃa no profesional. Me refiero a la que hacemos los aficionados cuando viajamos o queremos plasmar para la eternidad un momento feliz de nuestra vida. Hemos cambiado casi por competo ya el carrete de pelÃcula por la tarjeta de memoria con el menor encanto posible. La tecnologÃa va borrando paso a paso el encanto romántico del pasado en lo que se refiere a nuestros aparatos antiguos. Hace poco comentaba la eterna lucha de los que quieren reivindicar el vinilo y el cassette en contraposición del frÃo disco del CD.
Ahora la cámara digital que casi tiene todo el mundo es cada vez más asequible para todos los bolsillos y no teme a nada. Si alguien pensaba que las cámaras de los móviles la podÃan hacer frente, que se quite la idea. Según un estudio, sucede lo contrario: la gente que se enamora de las fotos digitales instantáneas, sin tener que llevar carrete ni proceder a su posterior revelado, a través de sus móviles, poco a poco va demandando más calidad y quiere una cámara digital. Además, le sirve para conocer este mundo. Todos somos fotógrafos sin el aparatoso kit de cámara tradicional.
De todos modos, para los románticos en este tema, debo decir que los expertos aseguran que de mejor calidad nada de nada. Que como una buena cámara de toda la vida poco es comparable. Además, al morbo de ir a revelar las fotos tras las vacaciones o una fiesta le han quitado su esencia. Ahora la vemos al instante en la pantalla de la cámara. Y encima ya no existen las malas fotos que luego se desechábamos en la tienda: podemos decir eso de “Uy, qué mal ha salido, espera que te hago otra”. Y si uno es perfeccionista, como es mi caso, lo paga la novia, a la que ‘obligo’ a colocarse de nuevo para sacar una versión mejorada de encuadre o enfoque.
Y no nos engañemos. Antes nos parecÃa una fatalidad del destino tener que seleccionar posibles fotografÃas porque se te acababa el carrete. Ante la cámara digital pasamos de un extremo a otro. El criterio de selección pasa a pura anécdota y terminamos siendo un turista japonés más, fotografiando hasta al aire. Con lo que archivamos una serie de fotos cuyo valor poco significará en un futuro. ¡Ay, frÃa modernidad! Al menos ya no hay que guardar los engorrosos negativos. Otro CD para la tarrina o una carpeta más en Mis Documentos. ¡Es el progreso, tÃo!