Amores que matan
Ya van por la tercera parte en el juego ‘Age of Empires III’. No soy un empedernido jugador de ordenador o consolas, pero por supuesto que he echado miles de horas a videojuegos en mi ordenador. Mis favoritos siempre serán los simuladores de deportes y el tetris. A éste último yo le incluirÃa entre uno de los grandes inventos del siglo pasado para el entretenimiento, como fue el cubo de Rubik.
Al ‘Age of Empires’ le eché también horas y horas en sus dos primeras ediciones, y no sé si llegaré a usar esta tercera, porque me quedé anclado en la segunda. Me explico. Microsoft desarrolló este juego a imitación de otros anteriores que se basaban en lo mismo: crear en un escenario real una civilización, gestionarla y llevarla a la guerra o defenderla de los invasores. Hasta ahà bien. En ‘Age of Empires I’ era emocionante comenzar en la Prehistoria, con simples hombrecillos que manejaban sus herramientas encaminados hacia a la economÃa constructiva: agricultura y ganaderÃa. La caza ya no se hacÃa. De ahÃ, uno podÃa hacer de padre y se le caÃa la baba viendo como tu civilización evolucionaba hasta la edad del Hierro, para dejarla en el mundo Clásico: Grecia y Roma.
Ahà aparece en escena ‘Age of Empires II’. Llega la Edad Media, con el prólogo vikingo y también los imperios orientales. Personalmente, el juego ya me cansó por entonces y le cogà cierta manÃa inmerso en esta época. Además, la secuela estaba bien construida tecnológicamente, pero carecÃa de originalidad y perdÃa su encanto inicial. Era más de lo mismo pero con otro aspecto. No por ello dejaba de ser merecedor de un notable alto.
Ahora, insisto, llega ‘Age of Empires III’, que transcurre entre el siglo XVI y XIX, aproximadamente. Tras la Edad Media, uno tiene que conquistar otros continentes, al más puro invasor español del Siglo XV-XVI. Y claro, cómo no, hasta llegar al colonialismo decimonónico.
Una de las cosas más atractivas de este juego es la posibilidad, como ahora es muy común, de jugar contra un adversario a través de Internet. Es un verdadero reto casi infinito. En la presentación del videojuego, la compañÃa Microsoft destacó la romántica vivencia de un matrimonio que se conoció gracias a enfrentarse en el ‘Age of Empires II’. IronÃas de la vida. Rivales a muerte para ser amantes fervientes.
A la mayorÃa de la gente no le gusta mucho estos juegos por lo complicados que resultan y la manejabilidad tan compleja en el ordenador. Hay que mirar miles de iconos pequeñitos y estar a mil cosas a la vez. Para que luego ten venga un invasor y te fastidie tu catedral tan bonita que habÃas edificado gastándote un montón de pasta. A la trompetita de alarma que suena, uno le coge realmente manÃa. Hasta sueñas con ella.
Por cierto. Por una vez, y lamentablemente, no sentará precedente, España es protagonista en un videojuego tan internacional. Nuestro papel en el Siglo XVI como conquistadores en América nos vale ello. Por algo en tiempos de Felipe II, en el Imperio español nunca se ponÃa nunca el Sol…