Los ‘garzonianos’ preparan una campaña contra jueces del Supremo
Próximo episodio para intentar frenar el ‘caso Garzón’: medios periodísticos afines al juez-estrella van a sacar a la luz los ’sobresueldos’ de jueces del Tribunal Supremo con su asistencia a cursos, seminarios y conferencias patrocinados por importantes despachos de abogados. Es decir, que van a poner en marcha la política del ventilador, aunque eso cueste que, inevitablemente, salga también a la luz cuánto ha cobrado de verdad el propio Garzón… por ése y por otros conceptos. El Consejo del Poder Judicial estudiará mañana el ‘expediente-Garzón’, aunque no se espera ninguna resolución definitiva. El CGPJ ha tenido que salir a defenderse de los ataques vertidos por Zapatero y José Bono.
La estrella de Garzón se apaga irremisiblemente. Cogido entre tres fuegos, el juez-estrella se enfrenta a su apartamiento de la carrera judicial y para evitarlo se han disparado los resortes del poder ejecutivo y de ciertos grupos mediáticos agradecidos al juez. Los acólitos de Garzón están preparando una campaña de desprestigio global del Consejo General del Poder Judicial y de magistrados del Tribunal Supremo para hacerlos saltar por el aire, en un intento último y desesperado de evitar que el juez-estrella pase por el calvario judicial de tres sumarios, acusado de prevaricación y de cohecho.
Este nuevo episodio, que se publicitará a través de filtraciones a medios de comunicación, se va a sustanciar sacando a relucir las cantidades dinerarias que magistrados del Tribunal Supremo y jueces de la Audiencia Nacional han cobrado o están cobrando por su asistencia a cursos, seminarios o conferencias jurídicas auspiciadas o bien por Universidades o, sobre todo, por grandes bufetes de abogados. Se trata de una forma de hacer ver que lo que Garzón ha cobrado por sus cursos en Nueva York, provenientes de fondos del Banco Santander, es una “práctica generalizada” y que, por tanto, no tiene sentido procesar a Garzón por ese asunto.
Por otro lado, esos acólitos-garzonianos tratan de demostrar que existe connivencia entre magistrados del Supremo y los grandes bufetes. Se trata, en definitiva, de echar porquería sobre la Justicia para lograr que Garzón salga de rositas de tres gravísimas acusaciones sobre prevaricación y cohecho.
Gómez Benítez, de campaña
La campaña pro-Garzón la inició públicamente el vocal del CGPJ José Manuel Gómez Benítez, nombrado por el PSOE después de que actuara como uno de los interlocutores del Gobierno en las negociaciones con la banda terrorista ETA. Este catedrático y abogado es íntimo amigo de Garzón, al que le han unido intereses comunes, ya intentó -sin ningún éxito- que el juez cuya estrella declina ahora sucediera a Carlos Dívar al frente de la Audiencia Nacional, en vez del finalmente elegido y mejor valorado Ángel Juanes.
Ahora bien, cuando las cosas se han puesto jurídicamente feas de verdad para Garzón, Gómez Benítez ha echado el resto iniciando una campaña de desprestigio a través de determinado medio de comunicación de auténticos profesionales independientes de la Justicia, tales como Margarita Robles, y acusando al Consejo General de ‘componendas’ a la hora de elegir el destino de los magistrados.
En ese sentido, medios jurídicos no olvidan que la campaña pro-Garzón la inició públicamente un grupo mediático que tiene mucho que agradecer al juez-estrella por aquella historia de Sogecable en la que, sin entrar en detalles, el cambio de actitud del titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 logró que las acusaciones contra ese grupo mediático se diluyeran y, al mismo tiempo, que apartaran de la carrera judicial por prevaricación al juez que instruyó inicialmente el caso, Javier Gómez de Liaño, hasta ese momento amigo de Garzón.
Según fuentes de la judicatura, es evidente que detrás de la actual campaña está el vocal del CGPJ Gómez Benítez, cuya labor de zapa en el Consejo General ha tenido tan nulos resultados que se han tenido que activar otras patas para desprestigiar al Consejo General y ‘volar’ de forma controlada a determinados magistrados del Supremo, como el juez progresista Luciano Varela, instructor de una las causas contra Garzón, y que ha tenido que soportar múltiples tensiones provenientes del sector socialista, lo mismo que la también progresista Margarita Robles, a la que, en un ejercicio de cinismo, Garzón ha recusado para que se abstenga cuando el Consejo deba decidir su apartamiento del Juzgado Central de Instrucción número 5.
Precisamente, la recusación por Garzón de los vocales Margarita Robles, Fernando de Rosa y Gema Gallego se verá este martes en el Consejo General, que comienza así el estudio de la ‘causa-Garzón’, aunque aún no es el momento de tomar decisiones drásticas, como el apartamiento de Garzón del Juzgado Central número 5 en tanto y cuanto se diluciden sus responsabilidades penales.
¿Recusar a Gómez Benítez por amiguismo?
Conectado con lo anterior, en fuentes jurídicas se hace ese mismo análisis a la inversa: ¿cómo puede Garzón recusar a Margarita Robles y a Gema Gallego por animadversión manifiesta y, sin embargo, el Consejo tenga que contar con el amiguísimo José Manuel Gómez Benítez? ¿Es que el órgano de Gobierno de los jueces debe moverse por el amiguismo? ¿Cómo puede Garzón, en el recurso que interpuso ante el Consejo, recusar a tres vocales utilizando los argumentos del varapalo jurídico que le dio a él mismo el Tribunal de Estrasburgo por haber sido un juez parcial y partidista en el caso de los fondos reservados de Rafael Vera?
Todos esos argumentos -y muchos otros- se verán este martes en el Consejo General del Poder Judicial. La cuestión se anima, porque después de que un día antes se comprometieran con Garzón el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el del Congreso de los Diputados, José Bono, los que piden justicia contra Garzón ya no se van a andar con chiquitas: en los debates van a estar presentes el ‘caso Faisán’ -el chivatazo policial a ETA para evitar la detención de etarras del aparato de extorsión justo cuando comenzaban las negociaciones con la banda terrorista- y el amiguismo de Bono con el juez-estrella. Fue Bono quien convenció a Felipe González para que nombrar a Garzón número dos por Madrid en las listas socialistas para las elecciones generales de 1993.
Precisamente, según fuentes judiciales, el ‘caso Faisán’ tiene de los nervios a los responsables del Ministerio del Interior, especialmente a su número dos, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, a quien le vinculan con el caso determinadas llamadas que realizó al entonces director general de la Policía, Víctor García Hidalgo, los días en los que se dio el chivatazo. Si ese sumario -una de cuyas partes mantiene Garzón en secreto- cayera en manos de otro juez, ¿se dilucidaría de verdad la responsabilidad del caso Faisán? Ése es el temor que reina en Interior y eso puede explicar, según las mismas fuentes, que tanto Bono como sobre todo Zapatero hayan realizado una increíble injerencia en el Poder Judicial.
Ver también:
- El Poder Judicial carga contra Zapatero y Bono: les pide “máximo respeto institucional”
- Zapatero, al rescate de Garzón: ensalzó su figura y su “valentía”
- Garzón se defiende arañando: pide la recusación de 3 jueces del Poder Judicial
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- El Supremo rechaza el recurso de Garzón: habrá juicio por sus cursos de Nueva York
- El Supremo admite la querella de Falange contra Garzón por el caso de las fosas
- Garzón desmiente haber cobrado del Banco Santander
A Garzón le cae otra querella por la intervención de comunicaciones en el caso Gürtel
Los (pen)últimos golpes de ETA
En los documentos incautados a ETA, de los que Diariocrítico dio amplia cuenta en su edición del martes, 2 de marzo, se deduce que la banda terrorista planteaba un gran atentado con furgoneta-bomba adaptada para turismo en camping en Mérida (Badajoz) y Sevilla.
Las furgonetas dispondrían de un contenedor de basura tipo PVC conteniendo casi 700 kilos de explosivos. Es decir, que estaban preparando acciones muy sonadas, entre otros en la Academia de Tráfico de Mérida.
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Sin comentariosEl cazador, cazado
En todo esto de Garzón, hay dos libros que yo considero espectaculares para definir al personaje. Uno se titula “Interior” y lo publicó Santiago Belloch -hermano de Juan Alberto, el que fuera biministro de Felipe González y causa de los celos de Garzón- allá por el año 1997. Lo que dice de Garzón pone los pelos de punta.
Hay otro libro, que son las memorias de José Amedo, ya saben, ese de los GAL y de los fondos reservados, que lo que dice del juez-estrella es para una de estas dos cosas: o para meter en la cárcel a Garzón por prevaricador y conspirador, o para meter en la cárcel a Amedo por embustero y por atentar contra la propia imagen y el honor.
Garzón nunca actuó contra ellos: ni siquiera para desmentir -Belloch amenazaba con papeles; Amedo, también-. Acaso hizo suya el juez-estrella aquella máxima de Manuel Azaña: “La mejor forma de esconder un secreto en España es encerrarlo en las páginas de un libro”.
Acaso sí. Pero acaso no. Yo recomiendo su lectura.
Ahora, cuando los días de vino y de rosas del juez se han trocado en amarga hiel, teloneros trasnochados y demás palmeros agradecidos loan por los caminos las bienaventuranzas de Garzón. Y farfullan contra jueces -y juezas- que sí creen en la Justicia y más aún en la democracia. Desde sus cárceles de papel disparan a dar, pero aprenderán seguro, seguro que aprenderán, que la tinta mancha. Años después tendrán que recordar que no hay nada más canalla que una hemeroteca.
Y, hablando de disparos, el único que acierta es Garzón, pero sólo a la pobre progenie del pobre Bambi, que aún me escuece en los ojos aquella matanza en Jaén en la que intervino, inmisericorde, ese juez.
Sin comentariosGarzón limita los ‘pinchazos’ telefónicos policiales
La Comisaría General de Información ha tenido que recurrir a otros jueces de la Audiencia Nacional para poder obtener autorización judicial para intervenciones telefónicas, sobre todo antiterroristas. Habitualmente las obtenía a través del juez Baltasar Garzón, pero después de la operación contra SEGI que llevó a cabo Grande-Marlaska, Garzón ha limitado esas autorizaciones.
Puede tratarse de un signo de los tiempos por los que atraviesa el juez Baltasar Garzón y su aparente divorcio con el Gobierno socialista, pero lo cierto es que, según han revelado fuentes solventes, el comisario general de Información, Miguel Valverde, ha tenido que ordenar a su servicio que las autorizaciones para “observaciones telefónicas” -eufemismo para designar los ‘pinchazos telefónicos’- que habitualmente concedía Garzón a la Policía le sean pedidos a otros jueces de la Audiencia Nacional.
Según esos medios, la situación se ha vuelto crítica a partir de la gran operación contra el entramado de Segi, que la Policía desarrolló con gran éxito el pasado 24 de noviembre: Segi quedó absolutamente descabezada con la detención de 34 personas en el País Vasco y Navarra y con el registro de 92 domicilios o locales.
Aquella importantísima operación policial contra los ‘cachorros de ETA’ no la centralizó Garzón, sino que la Policía la llevó a cabo con el titular del Juzgado Central de Instrucción número 3, Fernando Grande-Marlaska, lo que parece que no sentó muy bien en el Central Número 5, que habitualmente lleva estos casos estrella.
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Lo cierto es que, más allá de los protagonismos, ese martes 24 de noviembre, la Policía asestó el más duro golpe que se recuerda a la estructura de Segi. Las juventudes de Batasuna-ETA, declaradas como organización terrorista en enero de 2007 por el Tribunal Supremo, sufrieron la detención de 34 de sus dirigentes provinciales y comarcales, lo cual supondría con carácter general la casi total desarticulación de las estructuras de clandestinas de Segi en España.
Ahora bien, a partir de ese momento la Comisaría General de Información detectó un problema en sus relaciones con Garzón: el titular del Juzgado Central Número 5 retiraba intervenciones telefónicas policiales o bien no prorrogaba otras existentes o no concedía nuevas peticiones. A partir de ahí, Información tuvo que recurrir a otros jueces de la Audiencia Nacional para, o bien mantener con autorización judicial algunos de los ‘pinchazos’ ya existentes o bien que se le autorizaran nuevos.
¿Hay una relación causa-efecto con respecto a Garzón? Nadie se atreve a confirmar eso, pero lo que sí se ha notado es una menor colaboración juez-policía, cuando antes era más que fluida. Hay quien cree, rompiendo una lanza por el juez, que más bien puede tener que ver con los problemas reales que Garzón tiene con el Tribunal Supremo, que podría finalmente imputarle por supuesta ‘prevaricación’. Esa posibilidad, que pende realmente sobre Garzón, explicaría que un cierto nerviosismo afectara a sus relaciones diarias con la Policía.
Sin comentariosA costa de los pensionistas
Ha sido una de las mayores meteduras de pata del Gobierno de Zapatero en los últimos tiempos: la inclusión en el documento remitido a Bruselas, titulado “Actualización del Programa de Estabilidad. España. 2009 - 2013″, de los auténticos planes del Gobierno sobre la reforma de pensiones ha encendido las luces rojas en todos los agentes sociales, especialmente en los sindicatos y en la izquierda no socialista.
En el documento original, enviado oficialmente por el Gobierno a Bruselas y dado a conocer públicamente por el Ejecutivo en la mañana de este miércoles, se había incluido el siguiente párrafo: “Si a lo largo de la década de 2020 se elevan en dos años estos parámetros [la edad de jubilación] y si, además, se aumenta en una década el número de años considerados para calcular la pensión, el recorte total del gasto en pensiones podría alcanzar casi 4 puntos porcentuales sobre el PIB a partir de 2030″.
La polémica surgió de inmediato y los sindicatos, además de llevarse las manos a la cabeza, empezaron a hablar de huelga general, de movilizaciones, de guerra total.
El Ejecutivo, ante la que se le venía encima, decidió apresuradamente eliminar el citado párrafo, en el que reconocía que su proyecto -mantenido en riguroso secreto hasta ahora- era elevar el tiempo de cómputo de la pensión de los 15 años actuales a 25 años. El resultado era obvio: a los pensionistas se les bajaba realmente la pensión y el Estado se ahorraba de pagar a los más desfavorecidos nada menos que cuatro puntos del Producto Interior Bruto (PIB) a partir de 2030.
Las alarmas sonaron en Moncloa y al Gobierno no le quedó otra salida que retirar su ‘propuesta’ -que ya estaba en Bruselas- remitiendo un nuevo documento a las autoridades comunitarias en el que se había retirado el párrafo en cuestión. ¿Y cómo corregir esa metedura de pata? Simplemente, diciendo que se trataba de “una simulación”, pero que, dado que inducía a errores, remitía a Bruselas un nuevo documento sin “simulaciones”.
Todo parece indicar que alguien del Ministerio de Economía y Hacienda dejó sobre el papel la propuesta que se guarda realmente el Gobierno para la negociación, y que al revelarse la misma antes de tiempo han tenido que dar marcha atrás apresuradamente, echándole la culpa a la “simulación”, o, lo que es lo mismo, al portero del Ministerio.
Existe tanto oscurantismo en este Gobierno, gobiernan tan de espaldas a la sociedad y con tanto secretismo, están tan descolocados con la crisis económica y sus efectos sobre el paro, es tan personalista la forma de Zapatero de hacer política -y lo que es más grave, de hacer política-económica, dado que las ‘dos tardes que le dio Jordi Sevilla no dan para tanto- que la sensación de inseguridad se está apoderando del país.
Quizá ahora sí que sea más necesario que nunca ese pacto de Estado con el principal partido de la oposición que muchas voces le vienen pidiendo a Zapatero desde que estalló la crisis económica.
Sin comentariosBienvenido, Mr. Obama
Barack Husein Obama no viene a Madrid. Lo ha dicho sin tartamudeces, aunque quizá con un poquito de deje -y ponga el adjetivo que quiera- el secretario norteamericano de Estado adjunto para Europa, Phillip Gordon: “El presidente nunca tuvo en sus planes una cumbre en primavera con la Unión Europea”. Recuerda -sin tener nada que ver, claro- a aquella otra frase que se hizo histórica cuando aquello del 23-F: “Armada ni está ni se le espera”.
Ha sido todo un fracaso de la coordinación en la política exterior que realiza o la Presidencia del Gobierno, o el Ministerio de Asuntos Exteriores, o la coordinación con la UE, o los tres ’santos’ juntos, o quien haya tenido las santas narices de ‘vender’ con castañuelas que el presidente del país más poderoso del mundo, el ‘nuevo amigo americano’ iba a asistir en Madrid a la cumbre anual Unión Europea-Estados Unidos. El aldabonazo, vaya, de la Presidencia -compartida, pero Presidencia- de Zapatero en la UE, el broche de oro, el no va más.
Los voceros gubernamentales soñaban, incluso, con la posibilidad de llevar a este acérrimo del basketball al Santiago Bernabéu para presenciar la final de la Champions League, que no se juega con las manos, pero que se hace con los pies, que para el caso es lo mismo. A más de más, Rubalcaba, tan presto con esto de la seguridad, había emitido las órdenes correspondientes para que en esos idus de mayo vinieran a Madrid varios miles de UIPs -cachiporreros, para entendernos- con el objetivo confeso de que ni ETA ni los del turbante aguaran la fiesta.
Y ahora nos enteramos que Obama no es que no vaya a venir, que no a venir, sino que tampoco lo tuvo nunca en su agenda; es decir, que nunca estuvo previsto. Y ahora nos enteramos que, para mayor coña, Zapatero sí que mantiene -a la fuerza ahorcan- su cita con el rezo en el Desayuno Nacional de Oración, él, que se dice ateo. O así. ¿No quieres Hostias? Siete obleas. Bueno, al menos es un desayuno, porque si fuera en Oriente Medio y le pillara en el Ramadán sería un desayuno disminuido, sin la “des”.
En serio, es impresentable la descoordinación gubernamental. Porque, ¿nunca estuvo en la agenda del presidente norteamericano venir a Madrid? ¿Ni siquiera han tenido nada ver que ver con la negativa las discrepancias sobre si la cumbre se realizaba en Madrid o en Bruselas? ¿Nunca, nunca, nunca? Entonces, ¿quién nos vendió humo? ¿Seguimos, varios siglos después, en la España de charanga y pandereta?
Es un duro golpe para la imagen de España ante nuestros vecinos, un feo gesto diplomático de Obama y EEUU al no tener en cuenta la tradicional cita con Europa y un descrédito añadido para los voceros del Gobierno.
Sin comentariosLa ruptura de ETA se inicia en tres cárceles españolas

Para algunos expertos antiterroristas, ya no hay duda: 2010 es el año del gran debate en ETA, del fin del final de la banda armada. Y a ese final anunciado se llegará tanto por la presión del abertzalismo desencantado como por la presión de sus presos en cárceles españolas y francesas. “ETA acabará diluyéndose como un azucarillo, o, a lo sumo, convirtiéndose en una banda parecida al GRAPO, auténticamente residual”, nos dice un alto cargo de Interior. Por ahora, la labor de zapa de la política de Rubalcaba-Gallizo con los presos de ETA en las cárceles españolas está dando su resultado.
La política penitenciaria siempre ha constituido un arma contra la banda terrorista. Lo sabía muy bien Antoni Asunción (Manises, 1951) mientras ejerció como director general de Instituciones Penitenciarias (1988-1993) y comenzó a acometer la dispersión de presos de ETA. A Asunción se debe la introducción de ciertas prácticas psicológicas que luego han venido funcionando con bastante buen resultado para cuartear la unidad de los presos etarras.
Unas técnicas que tuvieron continuidad en el tiempo y que han sido utilizadas en estos años por Pérez Rubalcaba y su brazo ejecutor en Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo (Zaragoza, 1952). Una política, en fin, que está perfectamente analizada en un libro de próxima aparición sobre las negociaciones con ETA que ultiman estos días Fernando Jáuregui y el autor de este artículo, Manuel Ángel Menéndez.
Lo que está ocurriendo ahora en el interior de la banda por la situación interna de los presos no es nuevo, sino el producto de la estrategia que Pérez Rubalcaba introdujo en el otoño de 2008 en la política penitenciaria con respecto a ETA. En ese momento, Rubalcaba abrió un nuevo frente en la lucha antiterrorista con una labor de zapa en las cárceles: impulsar la disidencia entre los reclusos etarras hacia la dirección de la banda.
Para ese fin, Rubalcaba y su brazo ejecutor, Mercedes Gallizo, contaron con un grupo de expertos de Interior formado por un comisario de la Policía Nacional especializado en la lucha contra ETA, un comandante de la Guardia Civil y un veterano y destacado funcionario de Prisiones que establecieron las primeras experiencias piloto en las cárceles de Zuera (Zaragoza) y Villabona (Asturias) como laboratorios de un nuevo intento de ruptura del colectivo de presos, con el objetivo de aislar a los considerados “irreductibles” y convertirlos en minoría.
Una de las medidas adoptadas fue la de reagrupar a veteranos disidentes de ETA en la cárcel de máxima seguridad de Zuera (Zaragoza), a la que trasladaron a 16 veteranos etarras, la mayoría ex dirigentes importantes de la banda, como Francisco Mujika Garmendia ‘Pakito’, o activistas con delitos muy graves, como José Luis Urrusolo Sistiaga o Ignacio Arakama Mendia ‘Makario’. Convertidos en ‘ala disidente’, todos los citados forman ya parte de los 40 expulsados por la banda mafiosa de un colectivo total de unos 750 presos.

Reagrupamiento controlado para sembrar la disidencia
La idea de Rubalcaba era aprovechar la disidencia en presos históricos de ETA, con delitos de sangre, para mostrar al resto del colectivo de presos la inutilidad de seguir con la vía terrorista. Para esta no tan nueva estrategia -ya la había ensayado Antoni Asunción, junto a otros episodios de ‘guerra psicológica’ más de tipo personalista- el Gobierno trataba de hacer de la cárcel de Zuera un punto de concentración para contribuir, desde el colectivo de presos, a que la dirección de ETA desistiera del terrorismo en un momento en el que tenía muchos frentes abiertos.
La estrategia del Gobierno se apoyó en los resultados de una carta suscrita en junio de 2007 por dos dirigentes de ETA presos, José Luis Álvarez ‘Txelis’ y Kepa Pikabea, en la que denunciaban la marginación de los presos en el fallido proceso de paz, la “inutilidad de la lucha armada” y el haberse convertido en obstáculo para el avance de la izquierda abertzale. Como consecuencia fueron expulsados de ETA y del colectivo de presos, lo que había abierto una fisura en la banda.
En marzo de 2009, entre los principales etarras disidentes se pudo contar con ex dirigentes como ‘Pakito’; Carmen Guisasola ‘Lourdes’, ex jefa del comando Vizcaya; José Luis Urrusolo Sistiaga; el temible Santiago Arrospide Sarasola ‘Santi Potros’, condenado a 790 años por el atentado de Hipercor, en Barcelona; Rafael Caride Simón ‘Rafa Gallego’, que también participó en el atentado de Hipercor, o Iñaki Rekarte, en la cárcel desde 1992.
Precisamente fueron esos ‘históricos’ -que veían cómo se iban a pudrir, literalmente, en la cárcel y que no se iba a avanzar ni un ápice en el sueño utópico de la independencia de Euskadi ni en la creación de la gran Euskal Herria- se encargaron de generar un debate, provocando la discusión entre los etarras que llegaron a Zuera seleccionados por el equipo de Interior. Fuera de Zuera, esa labor la emprendieron también Álvarez Santacristina ‘Txelis’ y Kepa Pikabea Ugalde.
A finales de 2009, las prisiones de Villabona y Zuera recogían cerca de 40 presos de ETA que en algún momento habían mostrado signos contrarios a la lucha armada. La intención del equipo de Interior era llegar al medio centenar de internos entre ambas cárceles, cifra con la que buscarían el paso público, el manifiesto contra la violencia.
Y en ese contexto someramente reseñado es en el que hay que incluir la nueva expulsión por el colectivo de presos de ETA de cinco reclusos por saltarse la disciplina interna: Valentín Lasarte -su nombre está unido a los asesinatos del político del PP Gregorio Ordóñez y del socialista Enrique Múgica-, Ignacio Recarte Ibarra, Andoni Muñoz de Vivar, Esteban Murillo Zubiri y Jorge Uruñuela. Los cinco están repartidos precisamente entre las prisiones de Villabona, Zuera y Dueñas. No es pura coincidencia.
Reagrupar también a los ‘abertzales buenos’
Siguiendo con esa política penitenciaria de ‘reagrupamiento interesado’ de etarras, o de abertzales que apostaban por la vía pacífica, Interior e Instituciones Penitenciarias agrupó a determinados dirigentes batasunos en prisión, como Joseba Álvarez, Rufino Etxeberria -que participó activamente con Otegi en las negociaciones de Loyola- y Juan José Petrikorena, ex ‘jefe de prensa’ de Batasuna, quienes fueron trasladados desde las cárceles de Topas (Salamanca), Aranjuez (Madrid) y Curtis (La Coruña), respectivamente, a la prisión de Logroño. Es decir, que el Ministerio del Interior siguió con Batasuna la misma política de reagrupamiento de los presos de ETA que podían estar mejor situados en una posición crítica con el mantenimiento de la ‘solución armada’.
“ETA está ahora más débil que nunca”. Esta frase se ha repetido en infinidad de ocasiones, y siempre era cierto. Ahora, según confirman documentos incautados por la policía, la situación de la banda es desesperada: necesita dinero, el ’santuario francés’ se ha acabado definitivamente y Europa, como lo demuestra una reciente sentencia del Tribunal de Estrasburgo, ya no piensa que la banda sea simplemente “separatista” o “guerrillera”, denominaciones que, increíblemente, aún utilizan algunos medios de comunicación británicos y alemanes.
Los dirigentes etarras están cada vez más lumpenizados, peor preparados, más carentes de una base teórica, siquiera sea la demencial dialéctica tantas veces utilizada. Algunos de los que negociaron con ETA en el pasado proceso de paz, quienes los han visto cara a cara, piensan, y así lo han transmitido privadamente, que estos jóvenes no tienen preparación ni ideales; solamente fanatismo. “Están perdidos”, nos dice una fuente que conoce bien a la nueva camada de etarras.
Adios, Obama, adios
Cierto es -como iniciaba la entradilla a la noticia un medio de comunicación español- que Barack Husein Obama no ha dejado a nadie indiferente al recoger el premio Nobel de Paz y realizar una encendida defensa de la necesidad de la guerra. Dos estados del alma antagónicos, dos situaciones opuestas, paz y guerra en la entrega de un premio más controvertido ya que la personalidad de quien lo creó. La controversia con Barack H. Obama no ha hecho más que empezar: un Nobel de la Paz defendiendo la guerra, pero ese Nobel de la Paz es el presidente, aún, del país más poderoso, aún, del mundo.
Cierto es -como se ha podido escuchar en directo- que Obama no se ha encogido ante las críticas; se ha crecido defendiendo algo que pone los pelos de punta, sobre todo si quien lo dice era un supuesto pacifista y es, además, el jefe del Imperio: “La guerra sí que tiene un papel que jugar en la preservación de la paz”. Dicho así, a lo frío, suena como a nazi: después de todo, ’sólo’ cincuenta millones de muertos nos costó la paz mundial -que no la regional- desde 1945.
Y ha añadido una advertencia belicista al recoger el ya no tan ilustre premio de la paz: que Irán y Corea del Norte “no jueguen con el sistema” porque “me enfrento al mundo como es, y no puedo obviar las amenazas a las que se enfrenta el pueblo americano”. Por este motivo, quizás, ha dicho Obama que “la guerra es necesaria”.
Reconozco que Obama me da pánico. Muchos creían que el hecho de que un negro llegara a la Presidencia de Estados Unidos era algo íntimamente ligado a la inteligencia del personaje. Muchos creían que con este representante demócrata al frente de la Casa Blanca Estados Unidos no sólo se hacía perdonar siglos de esclavitud -imperdonables, por otra parte-, sino que abría una puerta a la esperanza de un futuro mejor en el planeta Tierra. Algunos, como Leire Pajín, interpretando así esa metáfora de paz y prosperidad llegaron a calificar las presidencias de Obama, en Estados Unidos, y de Zapatero, en la Unión Europea, de ‘acontecimiento planetario’.
Algunos, pues, creían en Obama.
Algunos otros pensábamos que el hecho de que Obama fuera negro había sido sólo un acicate para su llegada a la presidencia norteamericana. Pero nada más. Es decir -y para que no se malinterprete-, que ‘tocaba’ ya; y tocaba ya, sobre todo, después del desastre que ha supuesto la administración Bush. Pero hasta ahí.
¿Quiénes están más errados, los primeros o los segundos?
He visto el pensamiento desnudo de Obama en los Premios Nobel, y he visto en su gesto de faraón egipcio el ego incontrolado, la mirada aviesa y el mismo ardor guerrero que descubrimos años atrás en el ‘maniobrador’, por decirlo suavemente, Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa con Bush que lejos de ser belicista por ideología, este discípulo de Maquiavelo se hizo ‘halcón’ para que los norteamericanos soñaran con la grandeza tras la humillación de Vietnam. Fue Rumsfeld quien más empujó para una guerra genocida en Irak. Y ahora estamos viendo sus efectos, que no son efectos de paz.
Y he visto este jueves en Obama la misma mirada extraviada de Condoleezza Rice, la que fuera la 66º Secretaria de Estado de los Estados Unidos con Bush, una persona con tal frialdad que congelaba al hielo con solo mirarlo. Y he visto en las palabras de Obama los crímenes de Abru Ghraib, que creía olvidados, y los desastres de Guantánamo y el fin de la justicia. Porque he visto en Obama, la antaño gran esperanza de la humanidad, más de lo mismo, un interés execrable en demostrar que puede ser peor jefe del Imperio que cualquiera de los jefes que el Imperio ha tenido.
Será que aún quedan algunos que no creemos que el fin justifica los medios. Será que aún quedan algunos que queremos una paz sin guerra. O será que aunque quedan algunos que ya no creemos en casi nada y, desde luego, en nadie. Gracias a Obama, algunos hemos vuelto a la utopía. Gracias, Obama. Adiós, Obama.
1 comentarioFranco visto por los niños de la FEN
“(…) El novio consiguió arrancarle un beso a la novia. Ésta le pidió una cerilla. El novio, un poco sorprendido, accedió a dársela y entonces la señorita P. E. le acercó la cerilla a la mano con el consiguiente respingo de él (…) Ella apagó la cerilla y le moralizó, severa: ‘¿Te has quemado? Pues más te quemarás en el infierno si intentas hacerme pecar’ (…) Algunas señoras de la mejor sociedad aseguran que sus posibilidades matrimoniales están muy disminuidas por haberse sabido lo del beso”.
(Blanco y Negro, 1975, citado por Beatriz García
y Aida Álvarez, “25 años: de Franco al Rey”,
Magazine, especial, El Mundo, noviembre de 2000).
La verdad es que a muchos no nos hubiera importado quemarnos con la cerilla de rigor con tal de obtener un beso ocasional, pero en la España del castigo permanente era pecado hasta el pensamiento y en 1975 no sólo algunas señoras de la ‘mejor sociedad’ estaban muy disminuidas por ‘haberse sabido’ –y practicado- lo del beso, como señalaba tan apocalípticamente Blanco y Negro, sino que generaciones enteras habíamos crecido bajo la férula de Familia, Municipio y Sindicato. El sexo estaba prohibido y, como cantaba Aute por aquellas fechas exponiéndose temerariamente a la justicia bíblica de los ultras flamígeros, hasta los bebés nacían vestidos.
Aunque agónico, Franco y su obra seguían estando en todas partes: su cara de viejo patriarca invernal se hallaba en todas las monedas, en casi todos los sellos de correos, en todos los centros oficiales y en todos los colegios públicos y en gran parte de los privados. Él, su familia, su Régimen, seguían ocupando portadas de periódicos y revistas y cuando su enfermedad se hizo irreversible, abrió también todos los telediarios –sólo los de Televisión Española, porque no había otra- y siguió marcando la apertura del No-Do, aquel noticiario en blanco y negro que nos fastidió tanto en la infancia y en la adolescencia porque inevitablemente precedía a las dos películas de la sesión continua del cine del barrio.
Varias generaciones habíamos crecido memorizando a golpe de regla, de tirones de pelo o de oreja o de capones con los nudillos en plena coronilla los Principios Fundamentales del Movimiento a través de la Formación del Espíritu Nacional (FEN), uno de los castigos más tediosos, pesados y hasta crueles del Bachillerato que recuerda la Historia, dejando aparte a Herodes.
Había que empollar libros de texto como ‘Convivencia humana’, en el que el propio caudillo hacía su aportación para nuestra recta y sabia enseñanza: “Todo movimiento político, en su fin, persigue el alcanzar el bien de los administrados, el laborar por el bien común. ¿Y qué es el bien común? ¿Qué clase de bienes lo constituyen? Tres clases de bienes: los espirituales, los nacionales y los sociales. Pero estos tres bienes no se contradicen entre sí, sino al contrario, se unen y compenetran. Y ésta es la gracia de nuestro Movimiento Nacional: el haber sabido fundir estos principios espirituales, patrióticos y sociales entre los hombres y las tierras de España” (Francisco Franco, Valladolid, 18 de octubre de 1959). Nosotros respondíamos con un soniquete made in mucho_cachondeo que decía, exactamente, “Ahora que somos pequeñitos y de jodida inteligencia…”… es que érmos unos poetas.
La gracia -maldita gracia que nos hacía- de la Formación del Espíritu Nacional estaba reservada para los chicos, naturalmente, porque ellas, las chicas, quedaban exentas: bastante tenían con el estudio y la práctica de sus labores, de la economía del hogar y del saber estar, preparándose para ser unas perfectas casadas. La cita de Blanco y Negro de 1975 no exageraba, pues, gran cosa y lo sorprendente es que con una educación tan religiosamente penitente, nosotros, los chicos, nos atreviéramos a acercarnos a ellas, las chicas, y ellas, las chicas, en vez de una cerilla no llevaran un lanzallamas.
Y si no era así fue porque la moral, que con tanto tesón habían intentado forjarnos a golpes durante casi “cuarenta años de paz”, se había resquebrajado inevitablemente en las postrimerías del franquismo y los inicios de la transición política por muy diversas circunstancias, a las que no fueron ajenas lo refractarios y rebeldes que éramos ya muchos a todo tipo de moralinas insanas.
En la España del final del franquismo se vivía de manera muy distinta en lo político, en lo social y hasta en lo económico. No en vano la propaganda oficial llevaba años remachándonos -¿o rematándonos?- con su célebre Spain is different, que decían los turistas y que tanta gracia les hizo.
Además, las reservas del Banco de España se habían incrementado con el dinero que desde hacía dos décadas los emigrantes españoles enviaban desde Francia, Alemania, Argentina o Australia, donde se estaban dejando, literalmente, la piel a jirones, a lo que había que sumar la innegable contribución económica y de apertura en lo social que nos traía el turismo. Es célebre la anécdota de dos guardias civiles en los 60 pidiendo instrucciones sobre cómo actuar con unas turistas nórdicas en top-less en la playa. Al final, se tiró por la calle de en medio: a las vikingas ni tocarlas, pero a las impúdicas españolas que hubieran optado por tal pecado mortal, a chirona.
El rey Juan Carlos I había sucedido a Franco –lo vimos por televisión, en blanco y negro- y consiguió hacer suceder al inamovible Arias Navarro por Adolfo Suárez. Pocos lo creían en aquel momento, pero el Rey y Suárez demostrarían que la apertura política era imparable y, con ella, el regreso de los exiliados, poniendo fin así a uno de los más vergonzosos capítulos de nuestra España contemporánea.
Así, comenzó el goteo de los que volvían de la diáspora, tras cuarenta años de exilio: Claudio Sánchez Albornoz (“Un día dije que, al pisar España, vendría llorando, y llorando estoy. No tengo más que una palabra: paz”), Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Josep Tarradellas… Muchos no podrían volver nunca, porque nunca salieron de las fosas comunes.
Los niños y las niñas de la FEN veíamos cómo regresaban aquellos exiliados en un goteo interminable y veíamos cómo ellos, los de fuera, los derrotados, denostados y anatematizados, volvían sin revanchismos, mientras que los bunkerizados, endiosados y a diario comulgados hablaban de traición. Los momios no pudieron impedir –aunque lo intentaron- el reencuentro de las dos Españas, que tendría su representación gráfica en abril de 1978 con el abrazo en el que se fundieron en la capital mexicana el Rey Juan Carlos I y Dolores Rivas, la viuda de Manuel Azaña.
Sin comentariosGarzón, el villano en su rincón
Dice una fuente inmejorable que, en la noche del viernes 6 de febrero de 2009, Baltasar Garzón llegó tarde a la famosa cacería en la sierra de Andujar que, en el fondo, le costó el cargo de ministro a Fernández Bermejo. Llegó tarde y con prisas… pero con risas, porque -se disculpó- había estado ocupado mandando a la trena a un supuesto par de chorizos (los `gürtel_boys’).
Es evidente que Garzón es un mal juez instructor, pero tampoco puede decirse que sea una buena persona. Su ambición lo consume todo -hasta el mínimo resto de humanidad-, su carácter irascible le lleva a pisotear la ley como si se tratara de un felpudo, su egocentrismo le conduce a despreciar al conjunto del género (sub)humano, sus malas artes interrogadoras le convierten en juez-malo_poli-malo de cualquier mala película, sus ansias de poder le hacen vengativo sin enmienda y, en definitiva, por el camino de su ya larga vida ha perdido hasta el mínimo componente del Doctor Jekyll para quedarse exclusivamente con su parte más Hyde.
A Garzón le pesará siempre ya como una losa su actuación como diputado socialista, y como jefe de un fortalecido Plan Nacional contra las Drogas, y luego como ariete de Aznar contra su benefactor Felipe González por el GAL y los fondos reservados -rescató los papeles del cajón en el que los había dejado para irse de diputado socialista-, por su afán ‘estrellista’ en causas internacionales, por su mala instrucción de sumarios como la ‘operación Nécora’, y ahora, finalmente, por el Gürtel, que puede que cuatro supuestos chorizos queden libres por sus prácticas ‘espiatorias’ en los vis a vis carcelarios. El juez se enfrenta ahora al Supremo acusado de prevaricación. ¿Será el final del juez? Veremos.
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