Opinion - Eduardo Bertotti
Adultos mayores en la conducción de automotores
18-09-2008
Los recientes siniestros viales que involucraron a conductores adultos mayores de más de 65 años ponen en evidencia una preocupación que en la actualidad poseen numerosas naciones.
Recientemente el informe “Olders Drivers” del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, de Estados Unidos, advierte sobre los riesgos de conducir en edades avanzadas.
En la práctica la limitación para llevar el control de un vehículo en las calles no tiene edad y, de hecho, muchas personas mayores lo hacen muy bien no obstante el paso de los años. Baste recordar el ejemplo de nuestro quíntuple campeón mundial, Don Juan Manuel Fangio y su polémica con la Pcia. de Buenos Aires cuando se pretendía no otorgar licencias a partir de los 80 años, aunque uno demostrara la capacidad psicofísica para hacerlo.
Ahora bien, que el envejecimiento repercute en las condiciones cognitivas, motoras y sensoperceptivas no deja de ser un hecho cierto. Por tal razón en la gran mayoría de los países en la medida que avanza la edad los periodos de renovación de licencias de conducir son menores. No se trata de restringir su posibilidad de manejar, sino de prestarle una mayor atención y procurar que conduzca con menor frecuencia, aconseja el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento.
El “problema” personal:
Los primeros indicios de estos detrimentos son bien identificados por los otros conductores que comparten la vía pública: no ceder el paso, invadir el carril contrario, encerrar a otros vehículos, girar sin mirar los espejos, avanzar muy lento por carriles de velocidad o colisionar por errores de cálculo.
Una investigación sobre adultos mayores realizada por las médicas Rosmery Morgan y Debra King, del Departamento de Geriatría del Hospital Universitario Withington (Reino Unido), establece que la percepción visual empieza a declinar a los 50 años, al igual que la visión periférica. Esto es relevante si se tiene en cuenta que la mayor cantidad de información sensorial (un 80 % del total) del conductor viene de la percepción visual, la cual depende en gran medida de lo que ocurre alrededor.
El estudio indica, además, que una persona mayor de 50 años se demora ocho veces más en recuperarse tras haber sido encandilada. El análisis de las investigadoras británicas apunta a que la reacción no oportuna en la conducción ante diferentes situaciones también es producto de la natural disminución en la fuerza muscular, en la flexibilidad y en la coordinación.
El “problema” familiar:
En los últimos meses diferentes artículos de medios de difusión a nivel mundial tratan el problema desde el “dolor de cabeza” de hijos y nietos para lograr que el padre o abuelo comprenda el nivel de riesgo que afronta en la conducción del automotor y enfrente la decisión de dejar de manejar. Lo anterior no significa que esconder las llaves al abuelo sea la solución. La decisión de jubilarse como conductor debe ser el resultado de la reflexión propia y de la responsabilidad personal.