La corporación, que cuenta con 230.000 empleados en todo el mundo y fabrica más de 20.000 coches cada día, declara un pasivo de 172.810 millones de dólares (122.500 millones de euros al cambio actual) a 31 de marzo de 2009, fecha en la que valora sus activos en 82.290 millones de dólares (58.360 millones de euros), lo que sitúa su déficit patrimonial en 90.520 millones de dólares (64.200 millones de euros).
La suspensión de pagos del 'gigante' de Detroit, con más de cien años de historia a sus espaldas, abre el proceso para la cesión de sus activos en Estados Unidos a una nueva sociedad en la que el Tesoro ostentará la mayor parte del capital (72,5%) y en la que también estarán representados un fondo de los trabajadores y los acreedores de la corporación.
El concurso de acreedores de General Motors no afecta directamente a las actividades en Europa, tras el acuerdo alcanzado para la cesión de los activos a la firma Adam Opel y el principio de acuerdo alcanzado con el Gobierno alemán para la entrada de la canadiense Magna en la filial alemana. No obstante, este acuerdo debe concretarse en las próximas semanas.
Respaldo de Obama
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tiene previsto ofrecer una conferencia de prensa para explicar la posición de su Administración sobre la suspensión de pagos. A continuación comparecerá ante los medios el presidente de General Motors, Fritz Henderson.
Obama, en una entrevista concedida ayer a la cadena NBC, defendió la entrada del Gobierno en el capital de GM, y apuntó que la compañía se hubiera visto abocada a la liquidación si no se hubiera alcanzado el acuerdo por el que la Administración se hará con el 72% de la automovilística, si bien reconoció que hubiera preferido "haber permanecido completamente fuera".
En principio, además de la entrada de capital público, está previsto que la suspensión de pagos tenga una duración limitada, en principio de unos dos meses, en los que la empresa deberá deshacerse de activos y asegurar su viabilidad. GM ha recibido fondos del Gobierno de Estados Unidos por importe de 19.400 millones de dólares (unos 13.760 millones de euros).
La última versión del plan de reestructuración que Obama exigió a General Motors contemplaba la supresión de 21.000 empleos, el cierre de 16 fábricas en Norteamérica y la eliminación o venta de cuatro de sus marcas: Pontiac, Saturn, Hummer y Saab.
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